El historiador Horacio López reflexiona en esta columna acerca del derrotero histórico del coloniaje estadounidense en nuestra región desde hace más de dos siglos y advierte sobre el peligro que representa la participación de Argentina en el plan que Donald Trump denomina “Escudo de las Américas”.
En una nueva escalada colonialista de parte de EE.UU., Donald Trump realizó la que dio en llamar “Cumbre Escudo de las Américas”, a la que convocó a doce presidentes de Nuestra América, los más serviles de esta etapa. Solo quedaron afuera – no fueron convocados y no hubiesen ido si lo hacían- los dignos presidentes de Brasil, Colombia y México, Cuba, Nicaragua y Venezuela. En este comienzo del segundo cuarto del siglo XXI, el imperialismo gringo dio un nuevo golpe a una política que arrancó en los albores de la lucha por la independencia del continente, hace ya más de 200 años.
Historia del Colonialismo en Nuestra América
Primero fue España la gran colonialista; luego cuando nuestros patriotas guerreaban para sacarse de encima a los realistas, Estados Unidos comenzó a colaborar con ella, como fue el caso de la entrega de armas, mientras negó la ayuda a las fuerzas de la emancipación, pretextando una posición falsa de “neutralidad”. Las fuerzas venezolanas lograron capturar en julio de 1817 a las goletas norteamericanas Tigre y Libertad, tomándolas con las manos en la masa. Simón Bolívar denunció este hecho en una carta donde expresaba que “Desde el momento en que este buque (se refería a la Tigre) introdujo elementos militares a nuestros enemigos para hacernos la guerra, violó la neutralidad y pasó de ese estado al de beligerante”.
A partir del “Destino Manifiesto”, creencia religiosa que sostenía que Estados Unidos estaba destinado por Dios, por su superioridad, a expandirse anexando territorios, justificaron la famosa “Doctrina Monroe” (“América para los americanos”) – hoy reactualizada en la denominada “Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos”- presentada al Congreso de los EE.UU. en 1823, denunciando las ambiciones de ese país para apoderarse de territorios hispanoamericanos, alertando a los europeos para que no se inmiscuyeran. Ya conspiraban para quedarse con Florida, Texas, California, Nuevo México, Cuba y Panamá.
Tres años después se logró reunir el llamado Congreso Anfictiónico, convocado por Bolívar en Panamá, con el objetivo de crear una Liga integrada por las repúblicas independizadas, o sea un gobierno unificado de toda América hispana. Participaron plenipotenciarios de Colombia (que comprendía a Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá), de Perú (Perú y Bolivia), de Centroamérica y de México. Estados Unidos instruyó a sus agentes diplomáticos para que en cada república que estaban, tratasen de boicotear la realización del Congreso proyectado. Cuestión que lograron con gobiernos que les interesaba más detentar el poder en sus nacientes naciones que compartir un poder supranacional.
Inglaterra tuvo su parte colonizando regiones de América Central, las Antillas, Guyana y Malvinas.
En 1882 Estados Unidos convocó la “Primera Conferencia Panamericana” para tratar, entre otros temas una unión aduanera, protección de patentes y marcas de fábrica y la adopción de una moneda de curso forzoso entre todos los países. Estaba claro que la unión aduanera tenía que ver con aranceles y la protección de patentes con los productos que EE.UU. fabricaba; la adopción de una moneda era un temprano intento de dolarización del comercio. José Martí, que participara como cronista del diario La Nación de Buenos Aires, al realizar el balance de la conferencia enuncia sus prevenciones con “…el convite que los Estados Unidos potentes, repletos de productos invendibles, y determinados a extender sus dominios en América, hacen a las naciones americanas de menor poder”.
En los temas principales no se llegó a feliz término; sin embargo EE.UU. insistió en 1891 convocando a una “Comisión Monetaria Internacional” insistiendo en lograr que el dólar fuese la moneda de uso en el comercio continental. El poco entusiasmo de varios países y las contradicciones electorales en Estados Unidos obligaron a Washington a retroceder y renunciar a lo mismo que renunciara en el Congreso Panamericano.
Al comenzar el siglo XX apareció el llamado “Corolario Roosevelt” en 1904, mediante el cual se transformaba EE.UU. en una policía internacional que en el ámbito latinoamericano y caribeño controlara lo que para los gringos fuesen inestabilidades o atrasos en deudas externas que obviamente cobraban ellos. Ese llamado corolario hizo padecer a muchos países, principalmente centroamericanos, de intervenciones militares.
Saltando en el tiempo, vemos que en 1948 las Conferencias panamericanas se transforman en la Organización de Estados Americanos (OEA), con pretensiones de ser el Ministerio de Colonias. En esos años jugó fuerte para derrocar al gobierno de Jacobo Arbenz en Guatemala en 1952, entre otras cosas por la reforma agraria planteada; así como tratar de desestabilizar y de ser posible derrocar a la revolución cubana triunfante en 1959, y ser el instrumento del imperialismo en el continente en el marco de la llamada Guerra Fría.
En los años sesenta de ese siglo aparece la llamada Alianza para el Progreso, impulsada por el presidente Kennedy, con el objetivo de frenar la influencia de la revolución cubana, con el pretexto de impulsar el desarrollo, prometiendo inversiones de 20.000 millones de dólares durante una década. En la reunión constitutiva en Punta del Este, Uruguay, en 1961, Ernesto Che Guevara, en calidad de delegado de Cuba, acusó a los restantes países de dejarse caer bajo la órbita de los Estados Unidos, quien planteaba reformas capitalistas para evitar nuevas revoluciones populares.
En el último tramo del siglo XX tomó fuerzas el neoliberalismo en nuestros países, y en ese marco Estados Unidos lanza en 1994 la llamada Alianza de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Ese acuerdo fue derrotado al comienzo del nuevo siglo, en 2005, en la IV Cumbre de las Américas, en la que los gobiernos progresistas de entonces, Brasil, Uruguay, Venezuela y Argentina lo rechazaron firmemente frente a la presencia del presidente gringo George W. Bush que quería llevarse ese trofeo a su país. Rugió fuerte en Mar del Plata, donde se realizó el evento, la exclamación triunfal de Hugo Chávez: “¡ALCA al Carajo!”
Ya en la segunda presidencia de Trump aparece un neomonroismo sustentado en el llamado Corolario Trump y la Estrategia de Seguridad Nacional. El “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe es una política exterior (iniciada en 2025) que reafirma el hemisferio occidental como zona de influencia exclusiva de EE. UU., descrito como “América para los EE.UU.” La Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) de Estados Unidos para 2025-2026 se centra en la competencia de grandes potencias, priorizando la defensa del territorio, la disuasión de China en el Indo-Pacífico y el control de la migración y el narcotráfico en el hemisferio occidental.
Y lo último en este presente, anunciado en el comienzo de este artículo, ha sido la constitución del “Escudo de las Américas”. El documento de la Casa Blanca explícitamente subraya: “Estados Unidos entrenará y movilizará a los ejércitos de los países socios para lograr la fuerza de combate más efectiva necesaria para desmantelar los cárteles y su capacidad de exportar violencia y buscar influencia mediante la intimidación organizada”; y añade: “Estados Unidos y sus aliados deben mantener a raya las amenazas externas, incluidas las influencias extranjeras malignas procedentes de fuera del hemisferio occidental”.
O sea, el colonialismo en su máxima expresión: Las Fuerzas Armadas latinoamericanas al servicio del imperialismo gringo; con el pretexto de combatir los cárteles (pretexto con el que secuestraron a Nicolás Maduro y Cilia Flores), prestarse a ser carne de cañón para lo que ordene el amo. El servil de Milei ya anunció, disertando en la Universidad judía de Yeshiva de Nueva York, que “Irán es nuestro enemigo” y que él es el “más sionista de los presidentes latinoamericanos”. Para que quede claro su posicionamiento agregó: “Además tengo una alianza estratégica con Estados Unidos e Israel”. Para muestra basta un botón, como reza el dicho popular.