En el Congreso de la FIFA realizado en Vancouver, el presidente de la Federación Palestina de Fútbol, Jibril Rajoub, rechazó estrechar la mano del dirigente israelí Basim Sheikh Suliman y denunció el “genocidio” en Gaza.
La escena ocurrió ante las cámaras y frente a la plana mayor de la dirigencia del fútbol mundial. Al término del 76.º Congreso de la FIFA, en Vancouver, Gianni Infantino, el mismo que le entregó a Donald Trump un insólito premio por contribuir a la paz mundial, intentó montar una postal de “unidad” entre representantes de Palestina e Israel. Pero el presidente de la Federación Palestina de Fútbol, Jibril Rajoub, se negó a ser parte de esa cínica operación y no estrechó la mano del vicepresidente de la Federación Israelí, Basim Sheikh Suliman, ni tampoco aceptó posar para una fotografía conjunta y abandonó el lugar con una frase que resumió la crisis humanitaria y la tensión política que atraviesa también al deporte más popular del mundo: “Estamos sufriendo”.
Por si hacía falta a esta altura, la vicepresidenta de la Federación Palestina, Susan Shalabi, explicó luego a Reuters el motivo del digno rechazo. Rajoub consideró imposible darle la mano “a alguien a quien los israelíes han traído para blanquear sus crímenes fascistas y de genocidio”. Lejos de un gesto protocolar, la negativa expresó el hartazgo de un pueblo sometido a bombardeos, ocupación y desplazamientos forzados mientras las instituciones deportivas internacionales sostienen una política de aparente neutralidad.
El gesto dejó al descubierto la doble vara del organismo que conduce Gianni Infantino, cuestionado por blindar a Israel, sostener relaciones privilegiadas con Donald Trump y convertir al fútbol mundial en una maquinaria de negocios desligada de los derechos humanos.
El dirigente palestino volvió a reclamar sanciones contra Israel por permitir la participación de clubes asentados en territorios ocupados de Cisjordania, considerados ilegales por el derecho internacional. Sin embargo, en marzo la FIFA decidió no suspender a Israel, desestimando el pedido palestino. Ahora, la Asociación Palestina de Fútbol llevará el caso al Tribunal de Arbitraje Deportivo.
“Israel debe ser sancionado por las violaciones de los estatutos de la FIFA y de los derechos humanos”, sostuvo Rajoub. Sus palabras se producen mientras la devastación en Gaza continúa dejando cifras estremecedoras. Según denuncias palestinas, al menos 321 personas vinculadas al fútbol fueron asesinadas desde el inicio de la ofensiva israelí.
La presión sobre la FIFA y la UEFA también llegó desde Naciones Unidas. Ocho expertos del organismo, entre ellos la relatora especial para Palestina, Francesca Albanese, exigieron la suspensión de Israel de las competencias internacionales. “El deporte debe rechazar la percepción de que todo sigue como de costumbre”, señalaron en un comunicado conjunto, denunciando que las federaciones deportivas están contribuyendo a “normalizar” la ocupación y el genocidio.
Los especialistas remarcaron que existe una “obligación legal y moral” de adoptar medidas concretas para detener la masacre en Gaza, donde ya murieron decenas de miles de palestinos, en su mayoría mujeres y niños. La exigencia de excluir a Israel del fútbol internacional recuerda antecedentes históricos como el aislamiento deportivo del apartheid sudafricano, cuando las sanciones internacionales fueron una herramienta clave de presión política. Esta doble vara de la FIFA tiene su más reciente ejemplo en la suspensión de la selección de Rusia y de los clubes de este país de todas las competencias internacionales, al tiempo que les permite a Ucrania y sus clubes seguir compitiendo con normalidad.
Esa doble moral de la FIFA quedó nuevamente expuesta con otro conflicto actual: el rechazo al pedido de Irán para disputar en México sus partidos del Mundial 2026. El organismo ratificó que la selección iraní deberá jugar en Estados Unidos, pese a las denuncias sobre problemas de visas y garantías de seguridad que enfrenta la comitiva persa. Infantino se mantuvo inflexible y defendió el calendario oficial.
Las contradicciones del organismo fueron cuestionadas incluso desde el periodismo argentino. Por ejemplo, Diego Latorre, que no se caracetriza precisamente por dar opiniones públicas contra los poderes establecidos, criticó duramente la cercanía entre la FIFA y Donald Trump, en especial luego de que el presidente estadounidense recibiera reconocimientos vinculados al fútbol internacional. “¿Cómo vas a premiar a un tipo como Trump y después tener el tupé de sancionar a uno que discrimina? Sos parte de todo este circo”, lanzó en la cadena de capitales estadounidenses ESPN el comentarista y ex futbolista en base al incidente entre Gianluca Prestianni ( jugador argentino del Benfica) y Vinícius Júnior (figura brasileña del Real Madrid) en los playoffs de la Champions League, quien dijo recibir un insulto racista.
La UEFA impuso a Prestianni una suspensión de seis partidos, de los cuales tres están suspendidos condicionalmente por dos años en caso de reincidencia. Este hecho impulsó al IFAB y la FIFA a aprobar la "Ley Vinícius", una nueva regla que entrará en vigor en el Mundial 2026 y que establece la tarjeta roja automática para jugadores que se tapen la boca durante confrontaciones con rivales.
Latorre señaló que existe un "doble filo permanente" en las políticas de la FIFA, destacando la inconsistencia entre sus campañas de inclusión y sus decisiones comerciales o políticas. Además de afirmar que "la FIFA es socia de Trump" y que estos gestos son una "máscara para vender" más que una defensa genuina de los derechos.
Mientras la FIFA multiplica campañas de marketing sobre inclusión, paz y diversidad, evita confrontar con gobiernos aliados y potencias económicas. El gesto de Rajoub rompió esa escenografía cuidadosamente construida. Allí donde Infantino quiso mostrar conciliación, emergió la realidad brutal de un pueblo bajo las bombas y de un negocio global incapaz de separar el fútbol de la política cuando se trata de proteger intereses de poder.