En los últimos meses la pandilla de títeres, que gobierna Bruselas, ejecutores de las políticas del poder financiero (Rothschild, Black Rock y otros), de las empresas tecnológicas y del complejo militar que gobierna en Occidente ha escalado la guerra contra Rusia, incrementando peligrosamente las provocaciones. Por Rubén Darío Guzzetti (*)
Las múltiples provocaciones de Ucrania con drones provistos por la OTAN van dirigidas a depósitos de combustibles, refinerías de crudo e infraestructura edilicia dentro del territorio ruso, inclusive en las cercanías de Moscú y San Petersburgo.
Estas operaciones cada vez más frecuentes y graves van acompañadas de una psicosis guerrera europea dirigida a las poblaciones de los países que componen la región. En Alemania, por ejemplo, el gobierno con la aprobación del parlamente abrió un registro de inscripción voluntaria de jóvenes (varones y mujeres) para ingresar al ejército. La idea es reunir una fuerza de 260 mil tropas. El canciller Friedrich Merz lo expresó de esta manera: “Alemania debe volver a tener el ejército más poderoso de Europa”. Pero la medida va más allá, si esa cifra no se alcanza entonces la sugerencia se volverá obligatoria. Esto produjo grandes manifestaciones de jóvenes en las principales ciudades del país.
Mientras tanto se consolida el avance sostenido de la Federación de Rusia en la línea de contacto. Comienzan a ser más duros los ataques contra centros nodales de energía, empresas de fabricación de armas e infraestructura logística, inclusive en los alrededores y dentro de Kiev. Rusia ha comenzado a atacar instalaciones de Starlink y el sistema “Claude AI”, es decir está dejando ciegas a las fuerzas ucranianas.
Esta situación está haciendo insostenible las posiciones de las fuerzas ucranianas en el frente y también evidenciando, con cada vez mayor claridad, el involucramiento en la guerra de las fuerza militares de Alemania, Francia y el Reino Unido.
El objetivo estratégico de la escalada europea contra Rusia es intentar volcar la población contra el gobierno, después de cuatro años y medio de una guerra de desgaste con pérdidas en vidas e infraestructura.
Pero como ha ocurrido en otros escenarios, por ejemplo en Irán, está ocurriendo el efecto contrario. La sociedad se abroquela al lado de sus representantes. Se está poniendo en tensión el nacionalismo ruso. Esto quedó de manifiesto en los resultados que arrojó la elección parlamentaria realizada entre los días 18 y 20 del corriente mes en la Federación. Se renovaron los 450 escaños de la Duma Federal. El partido Rusia Unida, donde participa el presidente Vladimir Vladimirovich Putin obtuvo el 57% de los votos, en segundo lugar quedó el Partido Comunista de la Federación de Rusia con 14%. Participaron 10 partidos políticos. El partido de gobierno obtuvo 349 escaños de los 450 en disputa en el nuevo gobierno. Es decir estamos en presencia de un rotundo fracaso de la estrategia “Atlantista”.
Sin embargo, Bruselas insiste con la rusofobia. Necesitan convencer a los pueblos europeos de que los rusos son un peligro, que hay que sacrificarse, relegar bienestar social para invertir en armas para defenderse.
Lo cierto es que la crisis del sistema capitalista, derrotado en distintos ámbitos como el económico, financiero, tecnológico, diplomático, etc., por los países emergentes, no encuentra otra salida que la guerra. Además las empresas fabricantes de armas siguen haciendo su “agosto”, inclusive reciclando multinacionales automotrices para fabricar armas.
En este escenario los pueblos buscan caminos para expresar su oposición a la guerra. Por izquierda, ganado las elecciones en Berlín y por la ultraderecha obteniendo triunfos aplastantes en Sajonia Anhalt y Merklemburgo-Pomerania Occidental, entre otras localidades.
Volviendo al conflicto entre la OTAN-Ucrania contra Rusia, van quedando pocos espacios para la negociación, los que elaboran las estrategias en Bruselas están decididos a ir a la guerra. Piensan que es su tabla de salvación en el naufragio sistémico y lo más grave es que están convencidos de que pueden ganar y que Rusia no utilizará las armas nucleares. Se olvidan de las enseñanzas de la historia, que la Federación modificó su doctrina nuclear y que el presidente Putin afirmó en varias oportunidades que Rusia utilizará todo su poderío si está en riesgo su soberanía.
La prolongación de la guerra, ha provocado un cambio cualitativo en la misma. A partir del inicio de este año el conflicto penetró en las preocupaciones principales de la sociedad rusa. Esto genera presión sobre el gobierno inclusive de sectores que forman parte del mismo en el sentido de terminar el conflicto utilizando armas más poderosas.
Una manifestación evidente de los cambios que se van produciendo en la política rusa, hay quienes dicen que se les acabó la paciencia, es el discurso del canciller Sergei Lavrov en la 81 Asamblea General de Naciones Unidas, donde denunció a Occidente desenmascarando sus políticas genocidas y su responsabilidad en sostener el conflicto en Europa frustrando todos los intentos de negociaciones.
A modo de síntesis
Todos los conflictos están vinculados en la transición civilizatoria, no hay guerra aislada.
La responsabilidad de los países emergentes es central para evitar una nueva “Trampa de Tucidides”, que podría ser la última.
El tiempo pasó a cobrar fundamental importancia, Occidente es consciente de que juega en su contra y esto agiganta los peligros de guerra nuclear.
La responsabilidad de Rusia es enorme. Le está poniendo cara al imperio que dominó el mundo durante 600 años, si no responde a las provocaciones estas se incrementan teniendo más tarde que utilizar armas más letales, si responde caerá en la trampa y la excusa de Bruselas y la OTAN para desatar la guerra total. Un equilibrio muy fino donde cada decisión puede ser decisiva.
Es necesario avanzar para crear una nueva arquitectura financiera basada en créditos para la economía real y un nuevo acuerdo de seguridad colectiva. Sin estas premisas no se logrará la tan ansiada paz con desarrollo.
(*) Director del IADEG ( Instituto Argentino de Estudios Geopolíticos), integrante de IDEAL (Instituto de Estudios de América Latina de la - CTA), integrante del CEFMA (Instituto de Estados y Formación Marxista Agosti - PCA)