En este artículo para Nuestra Propuesta el historiador Roberto J. Avellaneda enfoca a partir de la recreación de una anécdota cotidiana entre un trabajador y un patrón, la abierta disputa de clases que deja expuesta la reforma laboral. Apoyándose en la teoría marxista y la experiencia histórica del movimiento obrero argentino, señala un horizonte esperanzador al que no se podrá llegar si no es por el camino de la lucha.
Luis se levantó temprano como lo había hecho durante años, eran sus primeros meses bajo su nueva condición de jubilado y no había logrado sacarse ese hábito. Como tantas veces miró de reojo el televisor, era el jueves 19 de febrero de 2026 y vio el titular: ‘La reforma laboral pasó en Diputados’. La posibilidad se convirtió en realidad.
Se sintió aturdido. Una mezcla de indignación, sorpresa e incomprensión lo invadía ¿Cómo es que un ataque tan amplio sobre los derechos de la clase obrera tenía éxito?
Salió caminado para su nuevo destino, la pileta del club social del barrio a la que asistía, en parte por placer en parte por prescripción médica. Ya en el agua un nuevo personaje compartía el andarivel. Dijo llamarse Eduardo. El hombre no recordaba qué día de la semana era, Luis se lo recordó y ni lerdo ni perezoso le dijo: ‘estamos a dos días después de carnaval y luego del paro y movilización contra la nefasta reforma laboral’.
Eduardo lo miró y sin titubear le dijo: ‘me parece maravillosa la reforma, yo tengo veinte empleados’.
Luis, rojo de bronca, cortó abruptamente el diálogo y comenzó a nadar. Varias ideas santas y no tanto atravesaban sus pensamientos. Luego logró tranquilizarse y razonar, entendió que el desgraciado intercambio ocasional con su vecino develaba el secreto de la nueva ley: la reforma beneficiaba directamente al conjunto de los capitalistas apelando a un corte horizontal en la sociedad, clase contra clase; asalariados contra capitalistas de toda laya.
Lo que giraba en su cabeza: la crueldad del gobierno libertario, la traición de los gobernadores, las vacilaciones de los que se recostaron sobre la negociación de cada artículo, el enojo visceral de los abogados laboralistas, el guiño de la burguesía local, etc., todo tomaba otro sentido y se ordenaba: se hacía explícita una de las formas que toma la lucha de clases.
Federico Engels
La anécdota de Luis trae a la memoria lo que afirmaba Federico Engels en Las guerras campesinas en Alemania cuando da cuenta de las tres direcciones de la lucha de la clase obrera: económica, política y teórica.
El territorio en el cual se está desarrollando esta lucha contra la reforma laboral es el de la política.
Un lugar que con el tiempo ha ido adquiriendo una relevancia creciente, precisamente por los logros políticos que la clase supo conseguir a lo largo de su historia. Asimismo, se debe tener presente que ninguna de las otras dos direcciones desaparecen, por el contrario, profundizan su relevancia dentro del conjunto.
Según la Real Academia lucha es ‘hostilidad entre contrarios que tratan de imponerse el uno al otro’. En este caso, la lucha de quienes están expropiados de los medios de producción y de cambio y necesitan vender su fuerza de trabajo y luchan para modificar su situación; es decir, de quienes constituyen la clase obrera. La mayor parte de la sociedad.
Vale la pena traer a la memoria un ejemplo reciente aunque poco destacado de la lucha de la clase obrera argentina. En medio de su presidencia Macri decide presentarse a la reelección, cuenta con 54.000 millones de dólares del FMI en el bolsillo y una buena elección de medio término, pero no lo logra ¿Por qué?
Precisamente porque la lucha obrera y popular y la crisis económica se lo impiden. En ese doble proceso coinciden la crisis de los mercados que se inicia en octubre del 2017 y la ola de luchas que se expresa en cinco huelgas generales, entre otros hechos de protesta.
Una de las más importantes se desarrolla durante los hechos del 13 al 18 de diciembre de 2017 con la derrota en la calle de la reforma previsional, y luego hubo otras cuatro huelgas generales: los días 25 de junio de 2018, 25 de septiembre de 2018, 30 de abril de 2019 y 29 de mayo de 2019.
Por allí pasaba el secreto de ese fracaso electoral. Hoy la lucha política de la clase se centra en el enfrentamiento a la retardataria reforma laboral. En vez de discutir una reducción de la jornada laboral, en medio de una guerra arancelaria que no es sino una manifestación de una superproducción mundial de mercancías, la oligarquía financiera busca avanzar en camino inverso a lo humanamente racional, como queda reflejado en los más de doscientos artículos de la ley.
¡La lucha sirve! ¡Construye futuro!