A propósito de los afanes del actual secretario de estado de EEUU, Marco Rubio, de exponer cualquier pretexto para agredir a Cuba, propalando ideas sacadas de una historia paralela a la real, es obligado remitir a quien interese el tema, al pensamiento de Fidel. Por Francisco Delgado Rodriguez (*)
De los numerosos aportes al pensamiento y la acción política universal del líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz, sin dudas una de las más urgentes a divulgar, se refiere a su obra y actuación en favor de la paz.
La palabra paz suele reducirse, en general, a la ausencia de guerra, de uso de la violencia o las armas, para dirimir determinadas contradicciones. Este tipo de paz, según el pensador noruego Johan Galtung, se denomina paz “negativa”, o ausencia de violencia directa (1), es decir, aquella que se busca en respuesta o como necesidad para culminar una confrontación bélica.
Sobre la “paz negativa” en el mundo, Fidel Castro hizo notorios esfuerzos en su condición de jefe de Estado. Brilló con luz propia, durante su presidencia en el Movimiento de Países No Alineados (MNOAL), ubicando a Cuba en la cúspide de las relaciones internacionales entre las naciones. También asumió un papel de acompañamiento, e incluso protagónico, en procesos de paz en Centroamérica, respaldando al llamado Grupo de Contadora y los Acuerdos de Esquipulas, e impulsó como pocos una salida pacífica al histórico conflicto interno en Colombia.
Otro tema medular, alusivo a la denominada paz “negativa”, fue la incesante lucha del líder histórico de la Revolución por lograr el desarme nuclear, asunto que vinculaba, por razones obvias, a la supervivencia de la especie humana. A propósito de una eventual conflagración con empleo de armas atómicas, Fidel reflexionó que había que defender la paz a todo trance…. “cuando la palabra guerra puede significar el final de la especie humana" (2).
Para Fidel, la carrera armamentística nuclear era un sinsentido absoluto, no solo porque suponía el exterminio de la raza humana, sino porque debido a lo anterior, eran armas sin uso en la práctica, a partir de la lógica del llamado empate catastrófico entre las potencias, según el cual, ninguna de las partes puede vencer a la otra sin sucumbir.
Para el Comandante en Jefe, estaba claro que el único país que había usado el arma nuclear, EEUU, estaba a su vez atrapado en su propia soberbia imperial, impedido de recurrir a este tipo de armamento; sin embargo, había obligado a sus adversarios, por caso la URSS, a poseer su propio programa nuclear, que constituyó un desafío para su economía, no así para la estadounidense, cuya “prosperidad” depende del denominado complejo militar industrial; en otras palabras, de que existan guerras, por ahora únicamente convencionales.
Uno de los cuestionamientos estratégicos al imperialismo, entre otros muchos asuntos, tenía que ver para Fidel con las premisas con que funciona su economía, guerra “dependiente”, que es la base del involucramiento de EEUU en prácticamente todos los conflictos bélicos acaecidos en el mundo, con particular evidencia posterior a la Segunda Guerra Mundial.
En rigor y aun cuando Fidel ya no estaba al frente del Estado cubano, su impronta, orientaciones y colaboración personal, están en la letra y en la decisión de haber establecido a Nuestra América como una región donde predomine la paz, es decir, la aprobación unánime de la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, en la emblemática II cumbre de la CELAC, celebrada justo cuando se evocaba el 135 aniversario del natalicio del prócer José Martí, en la Habana, en el 2014.
Sin restarle méritos a los aportes de Fidel, a la búsqueda de la llamada paz “negativa”, resulta realmente esencial, dígase que paradigmático, lo que legó respecto a la búsqueda de la denominada paz “positiva”.
De modo que el abordaje de la “paz positiva”, de parte del Comandante en Jefe, es tal vez lo más relevante de su acervo, como líder político y pensador. Sí, porque la “paz positiva” es aquella situación en que justamente existe una realidad, que impide prospere el eventual impulso o “necesidad” de un conflicto o conflagración militar, que Galtung conceptualiza como ausencia de violencia estructural (3).
Visto así, la propia obra de la Revolución cubana, es una magnifica propuesta de “paz positiva”. Claro, la mejor y probablemente la única y perdurable condición para erradicar las razones de las guerras, incluso llegado el caso, la violencia social, es que exista la mayor justicia social posible, la más amplia equidad y desarrollo socio económico. En otras palabras, la menor dosis de capitalismo, según las circunstancias históricas y sociales. Y que esto se manifieste en un contexto donde la paz sea una responsabilidad global, que no puede lograrse si unas naciones prosperan a costa del sufrimiento de otras.
Otro asunto medular, para conseguir una paz “positiva”, es lo que se ha denominado como sostenibilidad ambiental. Un momento de especial recordación al respecto, se puede leer en el discurso de Fidel en la así denominada Cumbre de la Tierra, celebrada en 1992 en la ciudad brasileña de Río de Janeiro (4). En esa oportunidad Fidel vinculó la paz mundial, tanto a la justicia social, como a no renunciar al cuidado y sostenibilidad de la naturaleza, del entorno donde habitan todas las especies.
Para Fidel por tanto, no era posible esta justicia social, sino estaba acompañada del respeto a la dignidad plena del hombre, de sus derechos inalienables a una vida plena, en una sociedad próspera y sostenible, como se dijo, respetuoso de la madre naturaleza.
En ocasión de su histórico discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, un 12 de octubre de 1979, el Comandante en Jefe, en su calidad de presidente del MNOAL, expresó: …"Queremos un mundo de paz, justicia y dignidad, en el que todos, sin excepción alguna, puedan disfrutar de los derechos humanos"…. (5)
El enemigo de la Revolución cubana, el imperialismo estadounidense, ha intentado históricamente distorsionar la obra y el pensamiento del Comandante en Jefe. En ese derrotero, todas sus capacidades comunicacionales fueron puestas en función de exponer al líder cubano como un político proclive a la violencia, incluso, promotor del terrorismo y los conflictos armados, tanto en Nuestra América, como en otras partes.
Para imponer esta matriz de opinión, se basan, manipulación histórica mediante, en el rol jugado por Cuba, en la solidaridad con los movimientos de liberación nacional en la región latinoamericana, o el apoyo a las luchas por la plena independencia en África. Se ha repetido hasta el absurdo que Cuba “exporta su Revolución” y más recientemente, que es promotor del terrorismo. En un punto de paroxismo fingido, la actual administración trumpista, asegura que la pequeña isla de Cuba constituye una amenaza, a la mayor potencia militar del mundo.
Pero la historia es como es, y el propio Comandante en Jefe se encargó de explicar cuál era la posición de Cuba, de los revolucionarios cubanos, en el surgimiento y auge de los movimientos de liberación nacional, que justamente debían ese término, universalmente admitido, a que su lucha era autentica, en respuesta a la ausencia de una paz “positiva” en sus países. Exportar una Revolución es un absurdo práctico y teórico y en todo caso, lo real es que la cubana sirvió de ejemplo: ese es tal vez su principal aporte.
Debe añadirse que apenas triunfó la Revolución, comenzó la más despiadada agresión integral desde el imperio que registre la historia contemporánea de la región latinoamericana. Dentro de esa hostilidad se destaca el intento, que continúa en estos tiempos, de aislar a Cuba del resto de las naciones nuestramericanas.
De allí la deriva en la OEA, el ministerio de colonias, tal como la definió Raúl Roa, el canciller cubano de esos años 60, del pasado siglo, y que tempranamente “suspendió” a Cuba de su membresía. Al unísono, prácticamente todos los gobiernos de la región, rompieron relaciones con el naciente gobierno revolucionario y en algunos casos, sirvieron de plataformas de ataques y agresiones.
La Revolución asumió el reto y, decidida a defenderse de la ofensiva imperial, emitió en acto multitudinario, la “Primera Declaración de la Habana” (6), donde además de explicar el derecho de Cuba y de otros pueblos a su soberanía y a la paz “positiva”, también defendió otro derecho: el de su defensa y la no tolerancia hacia gobiernos particularmente subordinados a Washington que prestaran sus territorios para atacar a Cuba.
A propósito de los afanes del actual secretario de estado de EEUU, Marco Rubio, de exponer cualquier pretexto para agredir a Cuba, propalando ideas sacadas de una historia paralela a la real, es obligado remitir a quien interese el tema, al pensamiento de Fidel, que como se sabe, por su talento para prever lo que vendría después, se encargó a profundidad de dejar explicado muchas de las cosas que, ahora lanza el secretario de estado imperial, sin ética ni responsabilidad alguna. El secretario Rubio debe entender que tiene un cargo efímero, que Cuba ni olvidará ni perdonará, la crueldad que ha gestionado contra la familia cubana.
Resumiendo, el concepto de paz, visto desde la vida e ideas del Comandante en Jefe, se fusiona dialécticamente, en lo que Galtung separó en paz “negativa” y paz “positiva”. La primera no puede existir, básicamente no puede perdurar, sino se garantiza la segunda, la paz “positiva”.
De modo que el propio líder cubano le da un sentido integral e indivisible a la palabra paz, estableciendo una suerte de ecuación, según la cual, paz es igual a desarme, más justicia social, más soberanía, más dignidad, más solidaridad, y también respeto a la madre naturaleza.
*Francisco Delgado Rodríguez, Licenciado en Historia, colaboración desde La Habana. Gentileza Portal CubaSí: https://cubasi.cu/index.php/
Notas referenciales:
1 Galtung, Johan. Violence, Peace, and Peace Research . Journal of Peace Research, Vol. 6, No. 3 (1969).
2 Reflexión: “Necesidad imperiosa del desarme nuclear y la prevención de conflictos bélicos globales” Castro Ruz, Fidel. Cubadebate. de agosto del 2011.
3 Galtung, Johan. Ibidem
4 Castro Ruz, Fidel. Granma. 13 de junio de 1992
5 Castro Ruz, Fidel. Granma. 13 de octubre de 1979
6 Ver referencias al respecto en: Castro Ruz, Fidel. La Paz en Colombia. Editora Política. La Habana, 2009