Hacia el final del Mundial la polémica destronó a la pelota y no pocos dardos apuntaron contra los argentinos y su Selección. Sobre broncas y campañas en redes sociales generalizando como racista a nuestro pueblo, en esta columna llega una reflexión del historiador Horacio López.
Sorprendió descubrir el nivel de odio que se percibió hacia el seleccionado argentino, trasladado al conjunto del país, durante el Mundial de Fútbol y posteriormente, promovido esencialmente a través de redes sociales insidiosas. En algunos casos se entiende por la envidia y la frustración, pero no tiene nada que ver con los sentimientos generados por las rivalidades tradicionales entre hinchas. Sí llamó la atención en países latinoamericanos el resentimiento, sobre todo que por los resultados Argentina terminó siendo el único representante de Latinoamérica frente a Europa. Y generó sorpresa y cierta indignación sentir ese nivel de odio, encausado en la acusación de racismo, por fanáticos de los países capitalistas centrales. Desde Estados Unidos el actor afroamericano Samuel Jackson declaró a su público: “Querida gente negra: por favor no alienten ni apoyen a Argentina para ganar la Copa Mundial de la FIFA. Argentina ha sido históricamente uno de los países más racistas del mundo, si no el más racista”. Desde el país más racista del mundo escuchar esas declaraciones tiende a lo grotesco. Argentina, que recibiera en el pasado inmigrantes italianos, españoles, irlandeses, polacos, rusos, turcos, sirios, libaneses, caboverdianos, judíos y musulmanes de diversas nacionalidades, etc., no tiene problemas de convivencias en general entre nacionalidades extranjeras y autóctonas. Por el contrario, hijos de esos inmigrantes son tan argentinos como cualquiera y son personajes destacados y dirigentes en las más diversas actividades de la sociedad.
Los odios en los países capitalistas centrales
En Estados Unidos prima el supremacismo blanco de extrema derecha, que promueve permanentemente actos violentos de xenofobia, así como prima el antisemitismo, el anticatolicismo y el anticomunismo. El terrorismo supremacista blanco tiene la triste historia de la existencia desde el siglo XIX del famoso encapuchado Ku Klux Klan, actor de innumerables crímenes de negros. Actualmente es noticia el accionar del ICE, organismo parapolicial disfrazado con el nombre de Servicio de Control de Inmigración y Aduanas, que viene expulsando residentes latinos, inclusive enviando a muchos a cárceles propias o a otras como la de Nayib Bukele en El Salvador.
En España, donde hay que recordar que a nosotros nos llaman despectivamente “sudacas”, el Ministerio de Igualdad reporta que el 33% de las minorías allí existentes ha sufrido discriminación racial o étnica. Entre las víctimas se encuentran personas magrebíes (30%), gitanas (13%), negras africanas (24%) y latinoamericanas (10%). La organización Amnistía Internacional España ha denunciado represiones policiales basadas en el perfil étnico. Bajo la mentirosa unidad de la bandera española surgen sentimientos de rivalidades y odios fuertes entre las diversas regiones del país, sobre todo en contra de las regiones autónomas.
Francia es un país típico de donde cada tanto nos llegan noticias de acciones represivas contra las poblaciones más vulneradas, como las de origen magrebí, subsahariano o romaní (gitanos), y acciones aún más violentas contra personas de fe musulmana y judía. Cada tanto aparecen reacciones de los jóvenes de esas poblaciones más vulneradas, quemando cantidades de automóviles o rompiendo vidrieras de comercios como represalia por la muerte de algún par. Esas comunidades excluidas, que concentran altos índices de desempleo y pobreza se hacinan en los barrios denominados Las Banlieues. En muchos de ellos sus viviendas están constituidas por descartadas casillas rodantes.
En Inglaterra los delitos de odio van en aumento año tras año, al punto que la magnitud de los mismos justifica la existencia de organizaciones de apoyo a las víctimas, como la llamada Stop Hate UK, cuya traducción es “Reino Unido Deja de odiar”. En el pueblo balneario Southport, ubicado en una zona costera cerca de Liverpool, en el noroeste de Inglaterra, en agosto del 2024 la organización de extrema derecha English Defence League (Liga de Defensa Inglesa), activada por redes sociales, atacó con cuchillos a inmigrantes ilegales, principalmente musulmanes. Esa forma violenta se extendió luego a Londres, Manchester y otras ciudades. Semejante conducta islamófoba se repite periódicamente en ese país.
¿Y en la Argentina?
La negritud no es significativa en Argentina. En la época colonial los barcos esclavistas generalmente no venían al puerto de Buenos Aires. La población negra existente fue migrada forzosamente hacia los centros laborales del virreinato del Perú. Durante la guerra de Independencia murieron muchos soldados de ese origen, formando los batallones de infantería que integraban las vanguardias militares. La Fiebre Amarilla de finales del siglo XIX diezmó a gran parte de la población negra en Buenos Aires. Posteriormente muchos migraron voluntariamente a otros países vecinos y otros se fueron mestizando con el resto de la población.
En nuestro país existe también un grado de racismo, especialmente de los blancos acomodados; racismo que se emparenta con el odio clasista y va dirigido especialmente hacia los denominados despectivamente “cabecitas negras” o “marrones”. Se trata de trabajadores pobres, descendientes e integrantes de pueblos originarios tanto en el norte, como ocurre por ejemplo con los quechuas, aimaras y guaraníes; como en el sur, con los mapuches. La llamada “Conquista del Desierto”, encabezada por el genocida Roca, fue expresión del racismo criollo convertido en un genocidio con el fin de apoderarse de las tierras de esos pueblos originarios.
El parteaguas fue la bandera
La Historia está plagada de hechos fortuitos, inesperados, imprevistos, que al producirse cambian abruptamente una situación del status quo. Todos sabíamos que el partido contra Inglaterra no iba a ser sólo un partido de fútbol más dentro del fixture mundialista; el trasfondo de la guerra de Malvinas se escondía detrás de nuestros anhelos por ganar ese partido. Y además de sentir la alegría de haberlo ganado, vimos cómo el mundo presenció al final del mismo la exhibición de la bandera, o mejor dicho trapo con la pintada “Las Malvinas son Argentinas”. Algunos medios hablan de que vieron eso tres mil millones de personas, otros más cautos dicen mil millones. Además del impacto que tanto en Inglaterra como en la Argentina trajo el caso Malvinas a un presente inesperado, se produjo un parteaguas definido entre los seguidores de nuestra selección y los detractores de la misma. Los detractores seguían destilando un odio dirigido por redes sociales, y del otro lado los “condenados de la Tierra”, los pueblos que padecieran por siglos la esclavitud impuesta por los colonialistas, sintieron que esa selección argentina los representaba a ellos, que identificaba a un país que era parte de los que habían sufrido tantas penurias y explotación. Allí festejaban nuestro triunfo pueblos como el de Bangladesh, la India, Pakistán, China, Indonesia, los pueblos de los países africanos y tantos otros.
Ese mero hecho protagonizado primero por unos simples hinchas que pintaron el trapo y luego por integrantes de nuestra selección que lo recogieron y exhibieron, le complicó la vida al gobierno inglés, al argentino de Javier Milei. al de EE.UU., a la FIFA y a toda la ultraderecha que tiene sus ojos puestos en nuestras tierras.
Hubo también otros hechos que fueron bien profundos, como las declaraciones de Messi hablando que la gente no llega a fin de mes en nuestro país, y la plantada de apretón de manos del Cuti Romero y Thiago Almada a Donald Trump en la entrega de medallas.
La campaña sucia de las redes sociales fue perdiendo potencia por la actitud de los jugadores y la reacción solidaria de muchos pueblos del mundo. Pero no hay que descuidarse, porque ese tipo de campaña sucia fue también una prueba de laboratorio en el intento de manejo de la opinión pública a través de los algoritmos. Pensemos que el año que viene tendremos elecciones presidenciales y el objetivo de derrotar al antiargentino de Milei, su camarilla y todos los factores de poder imperial que él representa y pretende instalar en este bendito país. Más allá del fraude, que será un mecanismo que intentarán si ven que pierden, estarán estas redes sociales que tratarán de manipular y direccionar la voluntad popular para que el arlequín que les cayó de las fuerzas del cielo pueda seguir sirviéndoles como un fiel lacayo.