Desde Argentina hasta África, pasando por el conflicto entre Estados Unidos e Irán, el Mundial deja al descubierto contradicciones que rara vez ocupan las portadas deportivas. En medio de goles, “cooling break”, festejos y análisis tácticos, existen debates políticos que merecen ser abordados y que la FIFA, como parte de una estructura vinculada al poder económico global, parece empeñada en mantener fuera del centro de la discusión.
1. El Mundial como cortina de humo en la Argentina de Milei
Mientras el gobierno de Javier Milei profundiza un programa de ajuste económico, privatizaciones, entrega y desregulación, la atención pública queda absorbida por la expectativa futbolística y la pasión legitima que ella despierta.
No se trata de cuestionar la pasión popular por el fútbol. La selección es una de las pocas expresiones colectivas capaces de movilizar a millones de personas. El problema aparece cuando esa energía social convive con medidas que afectan de manera directa las condiciones de vida de la población.
Uno de los principales cuestionamientos formulados por distintos sectores de la oposición por estos días es la concesión de la llamada Hidrovía Paraná-Paraguay. Se trata de una vía estratégica por donde sale la inmensa mayoría de las exportaciones argentinas. Esta entrega de la administración del sistema a capitales privados constituye una pérdida de soberanía sobre un recurso fundamental para el país.
A esto se le suman, entre muchos otros ejemplos, las denuncias por corrupción contra el ya ex vocero presidencial y todavía Jefe de Gabinete Manuel Adorni, figura central del gobierno “libertario”. La evolución exponencial de su patrimonio, las investigaciones sobre innumerables irregularidades económicas justificadas con préstamos de juibladas y el hallazgo del famoso pendrive como “prueba” de las ganancias millonarias por incomprobables inversiones en “bitcoins”, las polémicas relacionadas con viajes oficiales y la utilización de recursos públicos, así como los cuestionamientos por la difusión de contenidos falsos y campañas digitales durante procesos electorales lo tienen contra las cuerdas.
La pregunta que surge es inevitable: ¿por cuánto tiempo la euforia futbolera podrá contener la bronca acumulada por la gran mayoría de nuestro pueblo aun si se repite el logro obtenido en Qatar que todos deseamos? Porque, más allá de los resultados deportivos, los salarios continúan perdiendo poder adquisitivo, el desempleo sigue golpeando a miles de familias y la pobreza mantiene niveles alarmantes. La alegría que nos genera el fútbol es real y genuina, pero también pasajera. Cuando termine el campeonato, más allá de los resultados deportivos, los problemas económicos y sociales seguirán allí. Sin resultados favorables a la vista.
2. Publicidad invasiva, apuestas y el negocio detrás de la pasión
Cada pausa del partido, cada transmisión y cada espacio digital aparecen saturados de publicidad. Las apuestas deportivas ocupan un lugar cada vez más importante dentro del ecosistema futbolístico, generando preocupación entre especialistas que advierten sobre los riesgos de fomentar la ludopatía.
Uno de los casos más polémicos fue protagonizado por la empresa BetWarrior, que utilizó inteligencia artificial para recrear digitalmente a Diego Armando Maradona con fines publicitarios.
La polémica se profundizó cuando trascendió que la utilización de la imagen había sido autorizada por sus herederos. Para muchos hinchas, resulta doloroso ver la figura de uno de los mayores símbolos populares de la Argentina asociada a la promoción de apuestas deportivas en un contexto donde el crecimiento de la ludopatía preocupa cada vez más a especialistas, docentes y organizaciones sociales.
La campaña provocó fuertes críticas porque convirtió la imagen de una de las figuras más importantes de la cultura argentina en una herramienta para promocionar el juego online. La controversia se profundiza porque el negocio de las apuestas atraviesa una expansión sin precedentes. Cada vez más clubes, ligas y torneos dependen financieramente de empresas vinculadas al juego.
En Argentina, además, distintos periodistas señalaron cómo empresas financieras y plataformas digitales aprovechan la pasión del fútbol para incorporar usuarios y consolidar posiciones de mercado. El denominado "prode" impulsado por Mercado Pago fue objeto de varios análisis críticos que advierten sobre la creciente convergencia entre entretenimiento, finanzas y apuestas.
3. La hegemonía del inglés y las polémicas sobre el idioma
La tercera de estas cuestiones que queremos marcar en esta nota gira alrededor de una disputa cultural aparentemente menor, pero profundamente significativa: el idioma.
Diversos periodistas denunciaron que las dinámicas institucionales del torneo privilegian sistemáticamente al inglés por encima de otras lenguas, incluso cuando los protagonistas dominan perfectamente el castellano y los partidos se juegan en sedes de México.
La situación generó malestar particularmente entre periodistas latinoamericanos, que criticaron la tendencia a realizar entrevistas y conferencias bajo parámetros donde el inglés aparece como lengua dominante.
Los ejemplos más mencionados fueron los de Vinícius Júnior, de Brasil; Frenkie de Jong, de Holanda, y Achraf Hakimi, de Marruecos. Los tres futbolistas hablan español a la perfección debido a sus trayectorias deportivas y personales. Sin embargo, en múltiples ocasiones sus respuestas terminaron canalizándose a través del inglés por indicación expresa de representantes de la organización presentes en las conferencias, incluso cuando las preguntas eran formuladas en castellano.
Para muchos observadores, esto refleja una tendencia más amplia dentro de las instituciones deportivas internacionales: la subordinación cultural a una lengua considerada global.
La polémica adquiere un significado especial si se tiene en cuenta que el español es idioma oficial en varios países participantes y también en México, uno de los anfitriones del torneo.
Más allá de las explicaciones organizativas, el debate pone sobre la mesa otra pregunta incómoda para la FIFA y sus negocios: ¿quién define cuáles son los idiomas legítimos del fútbol global?
4. Irán, Estados Unidos y la desigualdad en la competencia
Mientras continúan las tensiones diplomáticas entre Estados Unidos e Irán, la selección iraní enfrenta condiciones de viaje más complejas que otras delegaciones, como ya hemos consignado en Nuestra Propuesta.
Las críticas apuntan a que los traslados permanentes, las exigencias burocráticas adicionales y determinadas restricciones terminan generando una situación desigual para los futbolistas iraníes, que deben ducharse rápido después de cada partido jugado en EEUU para volver a su concentración en México, ya que tienen prohibido permanecer en el “país de la democracia y la libertad” más de lo estrictamente necesario para jugar al fútbol.
Aunque las autoridades rechazan que exista discriminación deliberada, la controversia se instaló porque el contexto político resulta imposible de ignorar. Irán mantiene desde hace décadas una relación conflictiva con Washington, acentuada este año con los bombardeos del imperialismo yanqui y el Estado de Israel sobre territorio persa y sobre el Líbano. En consecuencia, cada decisión administrativa vinculada a la delegación iraní adquiere inevitablemente una dimensión política.
Lo que está en discusión es si una competencia verdaderamente global puede garantizar igualdad de condiciones cuando algunos países enfrentan obstáculos que otros no tienen. La FIFA suele sostener que el fútbol debe mantenerse “separado de la política”. Sin embargo, la realidad demuestra una y otra vez que las tensiones internacionales terminan ingresando al terreno de juego y que el organismo rector del fútbol mundial, como ya hemos visto con el bizarro “premio de la Paz” otorgado a Donald Trump, nunca se ha presentado en los hechos como un actor neutral.
5. Patrice Lumumba, África y el mensaje detrás de una exclusión revertida
El quinto punto a señalar tiene como protagonista a uno de los hinchas más conocidos del continente africano. Un reconocido simpatizante congoleño, Michel Nkuka Mboladinga, famoso por caracterizarse como Patrice Lumumba en distintos eventos deportivos internacionales, se convirtió en el centro de una polémica luego de que se le negara el ingreso a Estados Unidos para presenciar el primer parrido de su selección, la República Democrática del Congo frente a Portugal.
Para muchos observadores mínimamente atentos, el episodio trasciende por mucho lo que quisieron presentar como una simple traba migratoria. Patrice Lumumba no es una figura cualquiera. Fue Primer Ministro de la República Democrática del Congo, uno de los principales líderes de la independencia de su país y un símbolo de la lucha anticolonial africana. Su asesinato en 1961, ordenado por Estados Unidos, continúa siendo una herida abierta en la memoria política del continente.
Por eso, la exclusión de un hincha que construyó su identidad pública alrededor de la representación de Lumumba fue interpretada, más allá de las torpes excusas oficiales, como un claro mensaje político. Gracias a la presión ejercida por el propio plantel congoleño que dijo “amar a Mboladinga” (y por ende a Lumumba), el hincha pudo ingresar finalmente a Estados Unidos y estaría presente en las tribunas para el partido de mañana martes entre su país y Colombia.
Desde esta perspectiva, el episodio se conecta con debates más amplios sobre quiénes tienen visibilidad en los grandes eventos globales y qué discursos resultan aceptables dentro del espectáculo. La comparación con la controversia lingüística no es antojadiza. En ambos casos aparece una misma pregunta de fondo: ¿qué culturas, qué historias y qué identidades ocupan el centro de la escena y cuáles quedan relegadas a los márgenes?
Mucho más que un campeonato
El Mundial 2026 seguirá generando alegría, emoción y sentido de pertenencia. Nadie puede ni debe negar el valor cultural que tiene el fútbol para millones de personas en nuestro país y en todos los continentes. Pero precisamente porque el fútbol moviliza semejantes sentimientos, resulta indispensable observar también aquello que ocurre fuera de la cancha.
La concesión de recursos estratégicos, las tensiones geopolíticas en un mundo multipolar, el crecimiento del negocio de las apuestas, la utilización comercial de figuras históricas, las disputas culturales por el idioma, los bombardeos publicitarios en los “cooling break” o pausas de hidratación, y los debates sobre la xenofobia y el neocolonialismo expresados a partir de este torneo forman parte de una misma realidad. Mientras la pelota rueda, el mundo sigue girando. Y detrás de cada partido continúan desarrollándose conflictos políticos, económicos y culturales que merecen tanta atención como el resultado final. Porque el Mundial nunca es solamente fútbol.
Mientras Lionel Messi ya lleva anotados cinco goles en dos partidos, convirtiéndose en el mayor goleador de la historia de los mundiales y reafirmando con sobrados méritos que es el mejor jugador del planeta, Kylian Mbappé anotó tal vez el mejor de todos los goles de este campeonato fuera de la cancha. Mientras buscaba con su mirada quién le había hecho una pregunta en la sala de prensa, durante una conferencia, un periodista levantó la mano para que lo encontrara y le dijo “acá estoy, a la izquierda, a la extrema izquierda”. La respuesta del astro francés, que en reiteradas ocasiones repudió a la ultraderecha de su país, fue más rápida que sus gambetas: “Menos mal que no estás en el otro extremo”.