La semana pasada Milei tuvo que resignar su intento de avanzar en la extranjerización del territorio nacional. No es el primer revés que sufre la derecha en tal sentido. A principios de la década del setenta, las Ligas Agrarias hicieron fracasar una iniciativa que en esa misma dirección intentó imponer Alejandro Lanusse.
La semana pasada el gobierno nacional tuvo que resignar, al menos por el momento, el capítulo del proyecto de ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada por el que pretendía modificar la Ley de Tierras para darle curso a un nuevo y fuerte avance de la extranjerización de nuestro territorio nacional. La iniciativa, lejos de ser novedosa, constituye un viejo anhelo de la clase capitalista que actúa en nuestro país. Entre los casos más emblemáticos que dan cuenta de ese afán vendepatria de la burguesía y su oligarquía terratienente, pero también de la resistencia y la lucha popular que provocaron, está el Plan Agrex.
A comienzos de la década del 70’, la dictadura encabezada por Alejandro Lanusse intentó imponer en las provincias de Chaco y Formosa un proyecto con el que pretendía ceder alrededor de un millón de hectáreas de tierras fiscales a una empresa estadounidense que estaba vinculada a la familia del propio presidente de facto: el Plan Agrex.
La presentación formal de esta iniciativa señalaba que su objetivo consistía en convertir a dicha región en un gran complejo agroindustrial, cuando en realidad de lo que se trataba era, ni más ni menos, que de desplazar a pequeños productores locales. El rechazo que despertó el Plan Agrex fue inmediato y aportó a la construcción de un esquema de organización surgido desde abajo, que se plasmó con el surgimiento de las Ligas Agrarias (LA).
Se trató de una de las grandes páginas de resistencia protagonizadas por el pueblo argentino. Las Ligas conformaron un movimiento campesino que se plantó a favor de la tenencia de la tierra para quienes la trabajaban y enfrentó las desigualdades existentes en la distribución de la renta agraria apropiada por latifundistas y monopolios.
Esa experiencia de poder popular nacida en el noreste argentino, que logró torcerle el brazo a la dictadura de Lanusse evitando la profundización de la concentración de la riqueza y la venta de la tierra a capitales extranjeros, fue brutalmente reprimida. El terrorismo de Estado apuntó contra las LA antes y durante la dictadura genocida que comenzó con el golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976. Esa represión que enfrentaron tuvo picos de ferocidad extrema durante la presidencia de Isabel Perón, período en el cual el gobernador de Chaco, Felipe Deolindo Bittel, ordenó una verdadera cacería contra este movimiento campesino.
En tal marco, uno de los tantos encarcelados fue Osvaldo “Kike” Lovey, que por entonces era Secretario General de las Ligas Agrarias y quien actualmente, ante el debate social y la masiva movilización generada a partir del proyecto entreguista del gobierno de Milei, señaló que “los intentos de extranjerización de tierras son de larga data en nuestro país”. En esta larga historia de lucha, recordó que en el Chaco “tuvimos un caso en la década de los 70, durante la dictadura de Onganía y después en la de Lanusse”.
Sobre aquellos momentos, puntualizó Lovey, “la empresa PAL de Pedro y Antonio Lanusse, asociada con un consorcio norteamericano, diseñaron el Plan Agrex, que consistía en apoderarse de un millón de hectáreas en el Chaco y Formosa, en ambas márgenes del río Bermejo” y subrayó que la extensión del territorio en cuestión era de tal magnitud “que quedaban adentro localidades enteras como Tres Isletas, Castelli y Miraflores, entre otras”.
La iniciativa ambicionaba la explotación del suelo y el subsuelo, ya que como remarcó el entonces secretario de las LA en conversación con NP, “el interés estaba dado por la supuesta presencia en las profundidades de esa región de importantes reservas de manganeso y otros metales raros”. En ese contexto, cometó con orgullo, “las Ligas Agrarias con el acompañamiento del Obispo Ítalo Di Stefano que estaba a cargo de la diócesis de Presidencia Roque Sáenz Peña denunciamos aquel intento y, en abril de 1972, en un encuentro histórico que tuvimos las LA chaqueñas con Alejandro Lanusse, con la presencia de cinco mil agricultores en Sáenz Peña, cara a cara con él exigimos la anulación del proyecto”. De lo contrario, se le dejaba claro en aquella ocasión al presidente de facto, “se avanzaría juntamente con las Ligas Campesinas de Formosa en una marcha para plantar la bandera argentina en ambas márgenes del Bermejo”.
La contundencia del reclamo, la tenacidad y la organización le torcieron el brazo al dictador “al grito generalizado de la concurrencia que decía Patria sí, Agrex no”. El histórico dirigente campesino recalcó que, finalmente, a Lanusse no le quedó otra que decir que “por la decisión de este presidente y también por el ruido que hicieron ustedes, les anuncio que ese proyecto murió”.
Así, subrayó, “una vez más la movilización popular fue decisiva, tal como debe serlo ahora para abortar el intento de avasallar nuestra soberanía nacional”. Porque, como enfatizó Osvaldo Lovey y como resonó por todo el país durante las últimas semanas y con especial fuerza el jueves pasado, “la Patria no se vende, carajo”.