Como ocurriera en 1933 con el Pacto Roca-Runciman, ahora Javier Milei lleva a la Argentina a otro pacto ominoso con una potencia en decadencia a la que le entrega todo a cambio de poco y nada. En esta columna, el historiador Horacio López analiza los puntos en común y las diferencias que existen entre aquella etapa entreguista con Inglaterra y la actual sumisión a Estados Unidos que termina de afianzarse a través del acuerdo comercial recientemente anunciado.
Noventa y tres años como si nada hubiera pasado o progresado. Ese espacio de tiempo es el que separa al actual Acuerdo Marco de Comercio Recíproco e Inversión firmado el 5 de febrero de 2026 por el canciller Quirno y el gobierno de los Estados Unidos, con el Pacto Roca-Runciman de 1933. Ambos convenios tienen el mismo tufillo de sumisión colonial, de vasallaje deseado a la potencia de turno, mostrándole con su firma que somos su más fiel colonia. La diferencia es que aquel Pacto de la “Década Infame” se logró cuando las condiciones surgidas del Golpe de Estado de 1930 permitieron restaurar el modelo agro exportador sostenido por una oligarquía que dependía del mercado británico. En cambio este “Acuerdo Marco” actual no tuvo el basamento de un golpe de Estado, sino de un gobierno, el de Javier Milei, que si bien surgió de un proceso democrático, rápidamente se convirtió en una cuasi dictadura a partir de decretos, leyes, coimas y sobornos parlamentarios que arrasaron con la democracia.
Comparación del rubro “Carnes” en los acuerdos.
En 1933 Argentina, mediante el tratado en cuestión, logró que Inglaterra le aceptara comprar una cuota de carne en condiciones lamentables, luego del chantaje por el cual Gran Bretaña había decidido adquirir en Canadá, Australia y Nueva Zelanda los productos que hasta entonces adquiría en nuestro país. La garantía de esa cuota exportadora era a cambio de humillaciones como que el precio que fijara la Argentina fuese menor al del resto de los vendedores, que el 85 por ciento de las exportaciones de carne a Inglaterra se canalizaran por los frigoríficos pertenecientes a esa nación; que no se permitiera la creación de nuevos frigoríficos nacionales; que se liberaran de impuestos al carbón y otros productos británicos, que se le otorgara el monopolio de los transportes de la Capital Federal a una corporación inglesa, entre otras concesiones. El descaro fue tal que Inglaterra se arrogaba deducir del dinero con el que se realizarían compras en nuestro país, parte de la deuda externa que ya teníamos con la potencia colonial.
La principal oposición a este tratado leonino se dio en el Parlamento argentino. El senador demócrata progresista Lisandro de la Torre denunció el acuerdo en el Senado y promovió el debate: «El gobierno inglés le dice al gobierno argentino ‘no le permito que fomente la organización de compañías que le hagan competencia a los frigoríficos extranjeros’. En esas condiciones no podría decirse que la Argentina se haya convertido en un dominio británico, porque Inglaterra no se toma la libertad de imponer a los dominios británicos semejantes humillaciones. Los dominios británicos tienen cada uno su cuota de importación de carnes y la administran ellos. La Argentina es la que no podrá administrar su cuota. No sé si después de esto podremos seguir diciendo: ‘al gran pueblo argentino salud’.” Y agregaba: “Ni una sola de las cláusulas de este convenio es equitativa para la Argentina; este pacto consagra la entrega más vergonzosa de nuestra economía al imperialismo británico”.
De la Torre acusó por ocultamiento de información, fraude y evasión impositiva a los frigoríficos Anglo, Armour y Swift, además de denunciar sus connivencias con funcionarios del gobierno. La forma que encontró la oligarquía, en complicidad con la policía del régimen, de contrarrestar las evidentes denuncias del senador fue planificar su asesinato. El hecho se produjo en el propio recinto de la Cámara de Senadores, pero el disparo en lugar de impactar en el senador elegido dio en su compañero de bancada Enzo Bordabehere, quien falleció a raíz del mismo.
Igual contenido humillante de vasallaje que aquel de hace 93 años, tiene el actual Acuerdo Marco de Comercio Recíproco e Inversión acordado recientemente con la potencia colonialista del presente: Estados Unidos. En lo que respecta al rubro “carnes”, la publicación especializada en cuestiones agrarias, “Bichos de Campo” difunde datos del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (Usda) que dan cuenta de que su crisis de producción de carne vacuna está muy lejos de resolverse y que tiene crecientes necesidades de importación para atender a su mercado interno. Por ello concluye que “En ese contexto ha sido extremadamente generoso con la Argentina, habilitando la importación de cien mil toneladas con bajos aranceles”. La Secretaría de Agricultura estadounidense declaró que, de concretarse un acuerdo comercial, el volumen de carne que se compraría a la Argentina “no será mucho” y agregó que “nos aseguraremos de que nuestra industria ganadera esté protegida”. Ellos sí se protegen. Pero lo que hay que aclarar es que la ampliación del cupo no forma parte del Acuerdo sobre Comercio e Inversión Recíproco, que eso se seguirá discutiendo en las próximas semanas; el gobierno argentino difundió a propósito la ampliación del cupo en simultáneo con la noticia sobre el Acuerdo; muchos interpretaron, erróneamente, que el mayor cupo era parte de ese acuerdo.
Atilio Boron escribe en su blog ”De cómo te mienten los medios”: “En su edición impresa del 7/2 La Nación anuncia que ‘se quintuplicarán las ventas de carne a EE.UU.’ Y en el cuerpo de la nota dice que ‘Donald Trump firmó la orden ejecutiva que aumenta de veinte mil a cien mil la cuota de exportación de carne argentina." Lo que es una necesidad para atender una crisis, los medios lo muestran como una generosidad de un país “amigo”. Pero esas cifras no son significativas al lado del acuerdo alcanzado por la Argentina con China para el presente año. Según Boron, “En los primeros once meses de 2025 este país exportó a China 450.000 toneladas y el acuerdo para este año contempla la exportación de 511.000 toneladas al gigante asiático. Este es un ejemplo concreto que ilustra la enorme importancia de librar la ‘batalla de ideas’ que reclamaba Fidel o la guerra cognitiva como se dice en estos tiempos”.
Diferencias entre Acuerdos y nuevas apetencias imperialistas
Los avances tecnológicos y las apetencias imperialistas hacen significativas las diferencias entre los acuerdos comparados. En la década del 30 del siglo 20 lo apetecible era asegurarse el monopolio de los ferrocarriles, el transporte, la energía, el carbón, los frigoríficos, las vacas, el trigo; ahora la mirada colonial está puesta en los recursos naturales, entre ellos los estratégicos como las tierras raras, el litio. En ese plano el acuerdo plantea permitir y facilitar la inversión estadounidense para explorar, extraer, procesar y exportar minerales críticos y para proporcionar servicios de generación de energía, telecomunicaciones, transporte e infraestructura.
Además EE.UU. pone el ojo en el dominio territorial con bases militares, puertos, propiedades de extensiones de tierra, desde los intereses geoestratégicos. Se eliminan las barreras comerciales para los productos estadounidenses y se suprimen licencias de importación. Todo esto es un certificado de muerte para la industria argentina, ya bastante deteriorada por las medidas internas del gobierno de Milei. La industria y el agro argentino tendrán una competencia desigual con los monopolios extranjeros que podrán importar medicamentos, alimentos, productos químicos, carnes, aves y derivados, sin pagar aranceles.
En el campo de la energía nuclear, industria en la que la Argentina es competitiva a nivel mundial, que ha construido y vendido reactores nucleares a diversos países, quedará prohibido comprar reactores nucleares, barras de combustible o uranio enriquecido de ciertos países, con el foco puesto en China y Rusia. Esto pone en riesgo el acuerdo con China como el de la central nuclear financiada por ese país, basada en el reactor Hualong, que utiliza uranio enriquecido como combustible.
El Acuerdo de marras es completamente asimétrico. Mientras que nuestro país asume 113 obligaciones, dos únicamente asume EE.UU. El dirigente peronista y ex Embajador en la República Popular China, Sabino Vaca Narvaja, hizo declaraciones al respecto en las que afirma que el acuerdo consagra una arquitectura profundamente asimétrica. Argentina asume compromisos extensos, detallados y verificables; Estados Unidos conserva márgenes amplios, discrecionales y reversibles. El resultado no es integración, sino subordinación normativa.
Por su parte Axel Kicillof, gobernador de la Provincia De Buenos Aires, en un comunicado oficial referido al acuerdo señala: “Es el acuerdo económico-comercial más desigual y asimétrico firmado desde el Pacto Roca-Runciman”.
Tiempos de aplicación de la Doctrina Monroe
Si bien se comenta que el Acuerdo será enviado al Congreso para su aprobación, no hay garantías que así suceda teniendo en cuenta antecedentes violatorios de esa norma constitucional. Un antecedente concreto fue el decreto firmado por Javier Milei en septiembre del año pasado, en el marco de la decisión de dominio del Atlántico Sur por parte de EE.UU., por el cual permitió la entrada de contingentes militares estadounidenses a territorio argentino para participar en conjunto con la Armada nacional en la denominada “Operación Tridente”, llevada a cabo en las Bases Navales de Mar del Plata, Ushuaia y Puerto Belgrano.
El Acuerdo analizado es parte sustantiva del alineamiento total del gobierno argentino a los intereses gringos. Como lo fue la Operación Tridente mencionada, o la que se vendrá este año, denominada “Daga Atlántica”, prevista para abril del corriente año, mediante la cual se realizarán maniobras militares conjuntas en Santa Cruz y Tierra del Fuego. No hay límites en el gobierno de Milei para demostrar la sumisión colonial: como integrar (único país hasta ahora de Nuestra América) la llamada “Junta de la Paz” creada por Trump para reemplazar al Consejo de Seguridad de Naciones Unidad; o copiar la política represiva antimigrantes, o salirse de organismos internacionales copiando la decisión de EE.UU., o facilitar la creación de una base militar gringa, como está prevista en Ushuaia, o tantos otros ejemplos.
La resistencia popular, como se está desarrollando, y la necesaria derrota de este gobierno cuasi dictatorial, serán la garantía de que podamos volver a ser una Nación soberana no atada a tutelaje alguno.