El presente texto corresponde al discurso pronunciado por Federico Nanzer, Secretario Político del Partido Comunista de Córdoba y miembro del Comité Central del PCA, durante el reciente acto Arde la Memoria en homenaje a los camaradas desaparecidos del PC de esa provincia Néstor Lellín, Sergio Bustillo, José Brizuela, Oscar Reyes y Juan Carlos Navarro; cuyos restos fueron identificados este año en el ex centro clandestino La Perla. El pronunciamiento analiza la vigencia y trayectoria de la militancia comunista en la provincia de Córdoba, estructurando su posición política e ideológica ante el panorama actual.
El Partido Comunista en Córdoba: una construcción histórica con tres dimensiones
Acá estamos, no pudieron con nosotros. Eso ya es nuestra victoria.
Para comprender qué expresa hoy el Partido Comunista en la provincia de Córdoba es necesario superar una mirada reducida que lo identifica exclusivamente con una organización política. El Partido Comunista es, al mismo tiempo, una cultura, una comunidad humana y una organización revolucionaria. Estas tres dimensiones no son compartimentos estancos: se entrelazan, se alimentan mutuamente y explican la persistencia histórica del comunismo cordobés, incluso en los momentos de mayor aislamiento, persecución o debilidad organizativa.
Está viva y reunida hoy aquí la Familia Comunista, la que se fundó en luchas profundas allá lejos y hace tiempo, y que se transformó en retaguardia y sostén para las infancias rojas de padres y madres bolcheviques. Quienes a pata, en carro o trenes recorrían la provincia organizando la paisanada de campos y estaciones de ferrocarril.
También esa familia que fue sostén y apapacho cuando la cárcel y la persecución les jugaba una fiera. Ahí todxs eran primxs, hermanxs, tíxs y madres o padres de todxs.
Fue una olla en una mesa, más tazas para el mate cocido, una vianda más en la casa o algunos pesos que se juntaban acá para sostener en las malas allá.
Esa familia comunista ha construido lazos y vínculos a lo largo de los años, que ni las dictaduras ni los muros que cayeron, ni el socialismo real que se nos fue pudieron disolver ni medrar.
Acá estamos, abrazándonos entre guiso de lentejas, empanadas y vino, diciéndonos que no pudieron ni podrán con nosotros.
Y también acá estamos, con feriantes y cantos, con libros y anécdotas que de tanto ser contadas se hicieron leyendas vivas de una Córdoba rebelde e insurrecta.
Acá está de pie y en los gargueros la cultura comunista, la de la Negra Sosa y Pugliese, pero también la de Córdoba Va, la del Pelado Motta, Quetral y la de Hélida López, la que resistiendo a la dictadura abrió paso a esta democracia que, aunque tutelada y restringida, nos puso de nuevo en banderas y actos abiertos.
Esa cultura comunista que es bien popular y laburanta: hoy es La Piojera, la Casa de los Trabajadores y el Juntadero. Habla de solidaridades concretas de una Revolución inconmensurable en el Centro Oftalmológico Che Guevara, con el Yo sí Puedo y Operación Milagro; también de La Comuna, haciendo el aguante a las pibas en situación de prostitución en el bajo fondo del centro cordobés; habla de la Casa de Todxs en Nono, del centro ranquel de Las Palmas en el Pocho profundo, y hoy cantó con el Coro un “Fuera Milei, fuera Milei” al ritmo de “Alta Coimera”.
Acá estamos.
Dando pelea porque ya sabemos que lxs comunistas somos gente de pelea, nunca dejamos de pelear, aun con nuestros errores. Dimos pelea en la Córdoba roja de 1920 y apoyamos con nuestros votos sin dudar, para que ocurra el primer gobierno popular cordobés con los radicales populares y Don Amadeo Sabattini, y después Santiago del Castillo.
También entendimos, junto a Tosco y Canelles y el Caffa (aún rebelándonos ante lo que nos proponía nuestra fuerza nacional), que el ciclo de combate abierto en Huerta Grande y La Falda y que tuvo su máximo punto en el Cordobazo, expresaba la posibilidad instituyente. Y apoyamos también a Obregón Cano y Atilio López para que se constituya un tercer gobierno popular en Córdoba, obturado por el Comando Libertadores de América y el Navarrazo.
En aquellos días nuestro Partido fue destacamento de combate y lugar seguro para todxs lxs militantes populares perseguidxs y empujadxs a la clandestinidad. Salvador Verón y David Coldman eran los jefes de una organización política militar dirigida por el Partido para protagonizar aquellos combates y retaguardias.
Aquí, hoy, delante de la hija del Negro Verón, va nuestro modesto pero profundo homenaje a ellos y con ellos a todo el Frente del Partido, a Eber, a Ruben Goldman y también a los que cuidaron cada detalle para que todo suceda: Guillermo Broner, el histórico secretario de organización del Partido y Roberto Dujovny, hoy acá con nosotros y a quien debemos reconocer que “en silencio, como debía ser” cumplió la misión otorgada.
Y acá está el Partido, acá de pie y dando batalla, camaradas. Y hoy, como otras veces, diciendo y haciendo: Unidad hasta que brote pus (y elimine del campo del pueblo a los colaboracionistas y traidores). Porque hoy dudar es ser parte de este proyecto colonial y de su virreinato.
Cuando la Patria está en peligro, todo está permitido, excepto no defenderla.
Esa es hoy la línea que nos divide a nosotros de ellos.
No vamos a describir acá la crueldad de Milei. Ya todos sabemos de qué va y cómo es este plan colonial garantizado por la sumisión de su virrey.
Sí vamos a describir cómo vemos al pueblo. Sabemos que hay dudas, confusiones, desánimo, desconcierto y algunas vacilaciones.
Y esto se resuelve de una sola manera, no hay otra: hay que dar la pelea una y otra vez, replegarse, sostener, resistir, amontonarse y de a poco ir generando las condiciones subjetivas para el despliegue.
Son las calles el escenario central de esta pelea. Hay que disputar palmo a palmo cada avance de ellos, cada derecho que se intenta cercenar.
Hay que erradicar del discurso y de la acción de nuestro pueblo el concepto de lo “posible”, porque aquellos que lo repiten tanto y que pregonan que no es posible pelear y ganar y tener mejores condiciones de existencia, es porque en el fondo no la creen necesaria.
No habrá alquimia electoral que resuelva lo que debemos resolver peleando. No habrá genialidad en San José 111 ni en La Plata ni en
ningún despacho que genere grandes conspiraciones. Se trata de calentar las calles, de recuperar la idea de que es la militancia y la construcción cotidiana lo que permite sostener para después avanzar.
Cuando lxs comunistas decimos Poder Popular no es una consigna ochentista ni una proclama moral; es apostar al todo por el todo, a que hay que ir ganando espacios materiales y simbólicos al enemigo: un club, un centro vecinal, una biblioteca popular, un sindicato de base, un centro de estudiantes, la dirección de una escuela o de un centro de salud. De eso se trata y eso es con pelea, democracia participativa y directa, gestión popular y cada vez más conciencia de clase.
Esta perspectiva no anula, invalida o niega las batallas electorales, pero reafirma que no es en el Palacio, sino en la calle.
No habrá ninguna chance electoral si no hay lucha popular y confianza del pueblo en que se puede ganar.
Hubo apertura democrática y se echó a los milicos porque hubo huelgas generales de la CGT; hubo década empatada porque hubo 2001 y Puente Pueyrredón; hubo 2019 porque llenamos de piedras la Plaza de los Congresos.
Y en Córdoba igual. La quema de la Casa Radical, los saqueos en Argüello, la batalla en Plaza San Martín, las tomas de las facultades y escuelas impidieron que se privatice el Banco de Córdoba y EPEC, y que se arancele las facultades o se cierre la Casa Cuna.
Luchando derogamos el Código de Faltas, luchando conseguimos el boleto educativo, el financiamiento a los sitios de memoria y las condenas en los juicios de La Perla y Campo de la Ribera. Nada vino porque los de arriba quisieron, nada se consiguió con alquimias electorales.
Lo repetimos, hay que trabajar y dar debate para que las decenas de cientxs de militantes populares de Córdoba vuelvan a apostar a la militancia como forma de transformar la realidad. Hay que volver a dotarla de mística, de esperanza y de posibilidad.
Es esta una de las principales tareas de la etapa.
Para ello promovemos y promoveremos seminarios, foros, encuentros que empiecen a poner en el centro la cuestión de cómo construir una poderosa fuerza alternativa y democrática, popular y transformadora, amplia en su convocatoria y profunda en su programa.
Y acá estamos para eso, y es en eso que desplegamos la fuerza organizada de lxs comunistas: el Partido, la central y cardinal de nuestras dimensiones, con un proyecto que enamore y convoque.
Un Partido de cuadros y de militantes que activen y militen en espacios amplios, que disputen la direccionalidad política ideológica del movimiento popular.
Ponemos a disposición todo lo que tenemos… Es poco pero por alguna parte se empieza:
• Nuestra construcción en Luz y Fuerza y nuestra apuesta a ganar ese sindicato con la unidad del tosquismo.
• La Unidad Barrial de Inaudi y la Biblioteca del Bicentenario.
• La Comuna como espacio para la batalla de ideas y refugio comunitario y social.
• Nuestro trabajo de apoyo a la comunidad Werken Kurruf en Las Palmas (Pocho).
• La Casa de Todxs en Nono.
• El trabajo comunitario en Barrio Oncativo de Río Cuarto.
• El ACIC apostando a que son los clubes y los espacios culturales parte de lo que debemos construir.
• El CEFMA como espacio de reflexión y búsqueda de caminos.
• Nuestra articulación con el Centro Oftalmológico Che Guevara y las misiones cubanas.
Y en todos esos espacios, hablando con todos y todas, porque LA UNIDAD ES NUESTRA MARCA EN EL HOLLEJO, es
nuestra identidad primera, una unidad que duele al enemigo, una unidad que junta lo plural desde una perspectiva antiimperialista y revolucionaria.
Ya vendrán más adelante debates electorales. No los vamos a esquivar, pero los tendremos desde una convicción, que es la que planteamos más arriba, y desde un Programa Mínimo. Avanzaremos con todxs aquellxs que estén dispuestxs a debatirlo y a construirlo. No empezamos al revés, hablando primero de nombres para después ver los cómo. Queremos ser clarxs y sincerxs, vamos a conversar con todas las fuerzas populares; nuestro límite es la derecha explícita y los colaboracionistas (entre ellos, el peronismo a la cordobesa).
Nuestra consigna es simple y clara
Sin pelea no hay salida. Para pelear hay que unirse.
No hay vida digna posible si no echamos a Milei y sus colaboracionistas.
Es el poder popular lo que garantiza soberanía y democracia.
No hay liberación de la patria sin la derrota del proyecto colonial y esta tarea es continental.