Mientras desde los medios de comunicación masiva oficialistas se milita a favor del consumo de la carne de burro, los argentinos comen cada vez menos carne de vaca y los frigoríficos entran en crisis, con el consecuente impacto que esto trae aparejado para miles de trabajadores.
“El aroma ya me conquista”, decía desde Trelew una cronista de LN+ antes de darle un tarascón a un trozo de carne de burro. La escena transcurría en una parrilla de esa ciudad, hasta donde la señal oficialista envió un móvil en el marco de la campaña a favor del consumo de carne de ese animal. Este circo se monta en momentos en los que el consumo de carne vacuna en Argentina volvió a caer durante febrero —el último mes con datos procesados—, esta vez en un diez por ciento, y alcanza ya su nivel más bajo en veinte años.
Cabe citar que el promedio de consumo de carne bovina se situó ese mes en 47,3 kilos por habitante al año, algo que tiene una relación directa con la severa pérdida del poder adquisitivo que a un ritmo constante registran los salarios, asociada a la suba de los precios de este producto históricamente clave para la dieta de los argentinos. Desde que Javier Milei es presidente el precio de la carne supera a la inflación general, de acuerdo con las mediciones que hace el propio Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), al tiempo que se verifica una menor oferta de hacienda, ya que la producción registra una caída interanual del 5,1 por ciento. Asimismo, en términos interanuales crecieron las exportaciones más de un doce por ciento, lo que va en detrimento del abastecimiento del mercado interno y encarece a la vez el precio de los cortes en mostrador.
Tal como sucede en otros rubros de la producción, en este caso se advierte que el universo del capital avanza en una readecuación de las unidades productivas, aprovechando los privilegios que le otorga la Ley 27.802 o de “Modernización Laboral”, como la denominan el gobierno nacional y sus voceros mediáticos. La reciente sanción de esta ley (aún con los amparos judiciales presentados en su contra) le brinda claras ventajas a la patronal a la hora de echar y contratar personal y el ajuste por el lado de la caída de las ventas lo pagan los trabajadores, expuestos ahora a una mayor vulneración de sus derechos gracias a estas bondades modernizadoras.
A partir de las políticas en curso nadie debería sorprenderse cuando se advierte que los diferentes eslabones de esta cadena productiva registran un impacto negativo y de esto va lo que ahora mismo pasa, por ejemplo, con el Frigorífico General Pico, una firma que creó un ícono de la dieta de nuestro país donde antes que pedir una hamburguesa, ya se pedía un Paty. Esta empresa ya despidió a 180 de los 450 trabajadores de la planta que posee en esa localidad pampeana y, todo parece indicar, va camino a presentar la quiebra.
“Lo que se plantea es un cambio de manos en la propiedad de los frigoríficos de la región noroeste pampeana”, subrayó desde el Partido Comunista de La Pampa Carlos Urmente, quien recordó que en 2008 “una vaca valía el equivalente a un rollo de fardo, esto es doscientos mil pesos, y ahora sale lo mismo que ocho o diez rollos, lo que significa que el negocio de la ganadería no ha perdido rentabilidad”.
Urmente explicó que en este caso “se está buscando un cambio de manos en la propiedad, aprovechando la reforma laboral”. Y denunció que se trata de una maniobra que consistiría en “dejar sin empleados al frigorífico para venderlo sin personal”, por lo que “se comienza a visualizar el quebranto de empresas para después comenzar desde foja cero y contratar personal, que en muchos casos va a ser el mismo que ya estaba, pero bajo el régimen felxibilizador que permite la nueva ley laboral”.
Por otro lado, añadió que este escenario también invita a reflexionar acerca del papel del “empresariado nacional” y particularmente en este caso, del empresariado pampeano ante “la entrada en escena de otros agentes”. Después de recordar que el Frigorífico General Pico enfrenta una seria crisis financiera atravesada por una deuda bancaria relevante que tiene como principal acreedor al Banco de La Pampa, indicó que esa entidad bancaria “en un momento determinado se hizo cargo de las deudas de varias empresas radicadas en la provincia, en lo que fue una copia de la fuerte estatización de deuda que hizo Felipe Cavallo”.
Frente a este conflicto, el dirigente del PC pampeano manifestó la solidaridad con los trabajadores del Frigorífico General Pico e insistió con que esta situación “tiene que ver fundamentalmente con la pérdida de poder adquisitivo que hizo que cayera el consumo de carne porque el precio de los cortes en el mercado interno es inalcanzable”. Al mismo tiempo, recordó que este modelo excluyente “prioriza el mercado exportador”, donde las ganancias de unos pocos privilegiados aumentan a costa del hambre de las mayorías.
Mientras tanto, quieren convencernos de las propiedades nutritivas del burro.