El filósofo ítalo-argentino Rocco Carbone habló del avance de las derechas y de cómo se construye la resistencia frente a ese escenario. (*)
Desde el arranque marcó el eje de la charla: más que describir lo que ya ocurrió, lo que le interesa es pensar “lo que todavía no pasó, que va a pasar mañana”, apelando a la imaginación como herramienta política y cultural.
Rocco Carbone visitó el programa radial Informe de Pájaros, en Radio con Aguante, para hablar de fascismo y empezó por lo que llamó “una obviedad”: el paro es una herramienta de lucha de la clase trabajadora, esencialmente económica.
Su propósito, explicó, es interrumpir el flujo del capital y religar luchas que aparecen dispersas. Pero cuando una huelga general logra acumular fuerza suficiente, dijo, puede dejar de ser sólo un instrumento económico y transformarse en una herramienta política insurreccional, y ahí, sostuvo, se entra en la discusión sobre el poder y la totalidad.
Llevado un paso más allá, ese desplazamiento puede implicar el corrimiento de la clase de la gran propiedad del centro de la estatalidad. Eso, dijo sin vueltas, “se llama revolución”. Consultado si él mismo se define como revolucionario, no dudó: sí, y agregó que su tarea es “sembrar algo que falta” en el campo nacional y popular, que no habría abandonado la perspectiva revolucionaria pero sí la habría “solapado” y “olvidado” con el tiempo.
Su llamado fue directo a partidos, movimientos y sindicatos abocados a la lucha de clases: recuperar esa idea y ponerla de nuevo en circulación.
La palabra “terrorismo” y la lengua del poder
Antes de seguir, quiso detenerse en una palabra que, dijo, no hay que descartar sino escrutar: terrorismo, la misma que usó el Presidente para nombrar a estudiantes, profesores, científicos y trabajadores del Estado.
Carbone propuso no huir de esa palabra sino aceptarla como categoría a pensar, y trazó una genealogía: si la clase trabajadora se organiza bajo la tradición de dirigentes como Agustín Tosco, en un movimiento nacional y popular de liberación o un partido revolucionario, efectivamente se convierte en un “terror” para la clase de la gran propiedad.
En ese sentido, planteó, un paro puede volverse un problema real para un gobierno.
Para Rocco Carbone hay “un clima social que cambió“
Para Carbone, el clima social en la Argentina se modificó a partir de la movilización del jueves anterior a la entrevista, cuando, según describió, las fuerzas represivas no lograron dispersarla con facilidad.
Ese cambio, sostuvo, está ligado a un hecho que calificó de soberano: la consigna “Las Malvinas son argentinas”, que definió como un “reverdecer soberanista”. Preguntado por el sentido de la soberanía, la definió con una fórmula breve: ser dueño de sí, no ser esclavo. Y remató la idea con una afirmación política: la única clase que sostiene y habita esa soberanía todos los días es la clase trabajadora.
Del Mundial a la plaza: fútbol, Maradona y representación popular
La conversación derivó hacia el entrelazamiento entre fútbol, nacionalismo popular y política. Se señaló que el triunfo futbolístico sobre Inglaterra funcionó como una suerte de antesala emocional de las movilizaciones recientes, casi vivido como una batalla ganada.
Carbone coincidió y fue más allá con el ejemplo de Maradona para el sur de Italia, región que, recordó, hablando desde su propia identidad calabresa, vive históricamente en un estado de semicolonia respecto del Estado italiano. Lo que esa región no pudo conseguir por vía política, social o cultural, lo obtuvo simbólicamente a través de Maradona: una emancipación popular y nacional-popular, dijo, apelando al concepto gramsciano.
Acumulación originaria 2.0: datos, algoritmos y “tecnofascismo”
Uno de los tramos más extensos de la charla giró en torno al capitalismo del siglo XXI, al que Carbone caracterizó como una nueva versión de la acumulación originaria marxista. Si aquella consistió en que una minoría se apropiara de la tierra y las herramientas privando de ellas a las grandes mayorías, la actual, explicó, pasa por la apropiación de los datos personales, de la fuerza de trabajo global a través de plataformas, y de los bienes naturales comunes.
En esa línea mencionó, a modo de ejemplo, la gira de la directora del FMI por Vaca Muerta y las declaraciones de la jefa del Comando Sur sobre los recursos de la región.
De ahí saltó a lo que llamó “fraude algorítmico”: la modificación de bases de datos centralizadas o la manipulación de un algoritmo para condicionar procesos electorales, un fenómeno que vinculó con denuncias hechas en Colombia y con los cuestionamientos al sistema de votación en Nicaragua.
Su conclusión fue tajante: quien domina el algoritmo domina el resultado, tanto en la política como en la economía, porque también determina hacia dónde va el dinero.
Para ilustrar cómo opera el algoritmo como herramienta ideológica, contó una anécdota callejera: cruzarse con una madre proponiéndole a su hija correr una carrera para ver quién llegaba primero a la otra punta de la vereda. Esa lógica de la competencia y el mérito, dijo, es la ideología del capitalismo; una “mamá revolucionaria”, en cambio, invitaría a jugar para disfrutar, no para competir.
Las redes sociales que operan con esa misma lógica competitiva, dijo sin nombrar directamente a Elon Musk, aunque aludiendo a él, funcionan como una herramienta de expropiación que saca información de la gente y pone en circulación las ideas de “ellos”.
Iskra, la revolución y la construcción de un nuevo movimiento
Frente a ese diagnóstico, Carbone reivindicó una vieja figura leninista: el periódico Iskra (“chispa”), pensado como herramienta para poner a circular otras ideas antes incluso de fundar un partido. La chispa que, según él, se encendió con la bandera de Malvinas en la cancha debe mantenerse activa y traducirse en un plan de lucha creciente.
Repasó ejemplos históricos de desplazamientos de la clase dominante del poder estatal, la Sierra Maestra, la Revolución de Octubre, el irigoyenismo derrocado en 1930, el peronismo clásico, para argumentar que hace falta un nuevo movimiento histórico capaz de “cambiar todo lo que debe ser cambiado”, tomando prestada la consigna de Fidel Castro.
Puso como ejemplo concreto su propio ámbito, la universidad, y el criterio con que hoy se otorgan las becas: a su juicio, terminan beneficiando a quienes menos las necesitan, y deberían priorizar a estudiantes de clase trabajadora que además de estudiar, trabajan varias horas por día.
Una radio como aparato de la clase trabajadora
La entrevista cerró con una reflexión sobre la necesidad de multiplicar espacios, como la propia radio que lo entrevistaba, que funcionen como representantes de la lengua y la forma reflexiva de la clase trabajadora, en contraposición a los aparatos algorítmicos que hoy concentran la producción de sentido común.
(*) El artículo es gentileza del portal Puro Contenido: https://purocontenido.com.ar/