A 176 años de su paso a la inmortalidad, la figura del Libertador de los pueblos vuelve a interpelar el presente. Su lucha por la independencia, la soberanía y la unidad de Nuestra América contrasta de manera frontal con el gobierno nacional, que profundiza la dependencia, subordina la política exterior a los intereses de Estados Unidos e Israel y entrega los recursos estratégicos del país al gran capital transnacional. El homenaje oficial encabezado por Javier Milei convirtió el nombre de San Martín en una reivindicación de las Fuerzas Armadas y de la represión interna, en una operación del oficialismo con un discurso presidencial en el que, como resaltó Jorge Kreyness, estuvo ausente nada menos que la palabra “independencia”.
Este 17 de agosto, al cumplirse 176 años del paso a la inmortalidad del general José de San Martín, el nombre del Libertador volvió a ocupar el centro de la discusión pública. La fecha, que pertenece a la memoria histórica de los pueblos de América, adquirió una significación particular frente al rumbo que el gobierno de Javier Milei le impone a nuestra patria. San Martín representa la independencia política, la defensa de la soberanía y la decisión de construir una patria capaz de determinar su propio destino, principios que entran en abierta contradicción con una administración que profundiza la dependencia económica y política.
La conmemoración oficial, encabezada por Milei ante el Monumento al Libertador en Plaza San Martín, en el barrio porteño de Retiro, mostró esta contradicción en toda su dimensión. Mientras el gobierno habla de “libertad”, consolida vínculos de subordinación con las potencias imperialistas y abre el territorio y los recursos nacionales a los intereses del capital concentrado. Recuperar a San Martín supone entonces disputar el sentido de su legado histórico y recordar que la verdadera libertad de los pueblos comienza por su independencia y su soberanía.
La propia intervención presidencial dejó expuesta la distancia entre el ideario sanmartiniano y el proyecto “libertario”. Tras varios días de reclusión en la Quinta de Olivos, Milei reapareció públicamente para participar del acto y centró su discurso en la existencia de supuestos “enemigos” internos y externos de la “libertad”, junto con una reivindicación del fortalecimiento del aparato militar y de seguridad. El mandatario planteó la necesidad de contar con Fuerzas Armadas equipadas y formadas y les asignó un papel central frente a las amenazas que, según su interpretación, enfrenta el país. También incorporó a su discurso la cuestión de las fronteras, las alianzas geopolíticas y la lucha contra el terrorismo, en sintonía con una política gubernamental que viene endureciendo su discurso contra distintos sectores de la población. La operación política resulta evidente porque desplaza el sentido emancipador de San Martín hacia una concepción militarizada del orden interno y de la seguridad. El padre de la Patria parece así invocado por un gobierno que pretende utilizar su figura mientras avanza en un proyecto que profundiza precisamente aquello contra lo que lucharon los procesos independentistas americanos.
En ese contraste se inscribe la declaración de Jorge Alberto Kreyness, Secretario General del Partido Comunista de la Argentina, quien puso el foco en una ausencia particularmente significativa del discurso presidencial. Ante el monumento al Libertador, manifestó que Milei omitió “la palabra independencia, que debe ser de España y de toda otra potencia extranjera”. Kreyness sostuvo que esa omisión no constituye un detalle menor, sino que expresa el contenido profundo de la política oficial y afirmó que “el sello de este gobierno es la entrega de la Patria al gran capital global y chuparle las medias a Trump y Lamelas”.
Por redes sociales, el Partido Comunista profundizó la línea trazada por su Secretario General y vinculó la conmemoración del Libertador con las luchas que atraviesan el presente argentino. En la publicación, manifestó que “en un nuevo aniversario del paso a la inmortalidad de nuestro libertador, General José de San Martín”, corresponde recordar que “cuando la Patria está en peligro, todo está permitido, excepto no defenderla”. El tal sentido, sostuvo que las recientes declaraciones de Lamelas, “hablando como si fuera el virrey de una colonia”, deben ser leídas junto con los acuerdos impulsados por el Gobierno con el Comando Sur de los Estados Unidos. El PC aseveró que esas iniciativas apuntan a reforzar la presencia imperialista en el país y las vinculó con la intervención del Fondo Monetario Internacional y con sus pretensiones sobre nuestros recursos naturales estratégicos. De esta manera, la defensa de la soberanía deja de ser una referencia abstracta al pasado y se convierte en una tarea concreta frente a las políticas de extranjerización, endeudamiento, ajuste y subordinación que caracterizan al presente.
La reciente movilización social contra el proyecto de extranjerización de la tierra constituye, en esa perspectiva, una expresión contemporánea de la defensa de la patria que atraviesa la tradición sanmartiniana. El Partido Comunista manifestó que esa movilización “tiene que ser un punto de inflexión para derrotar en unidad en las calles al gobierno de Milei”. También planteó que la resistencia popular debe abrir el camino hacia la construcción de una “Patria libre de toda cadena”, recuperando la perspectiva emancipadora por la que San Martín combatió junto a los demás revolucionarios de América. La consigna no se limita a una evocación histórica, porque enlaza la independencia conquistada en el siglo XIX con las batallas actuales contra la dependencia económica y la injerencia imperialista. Se trata de avanzar hacia una sociedad donde la soberanía popular y la defensa de los bienes comunes estén por encima de los intereses de las corporaciones y las potencias extranjeras. La declaración concluyó con una definición política que resume el horizonte de lucha de nuestros tiempos: “¡Fuera yanquis! ¡Fuera FMI! ¡Liberación o dependencia!”.
La distancia entre San Martín y Milei se vuelve todavía más profunda cuando se observa la situación social provocada por las políticas económicas del Gobierno. En su discurso, el presidente reconoció que corresponde al Estado garantizar condiciones de estabilidad y crecimiento para que la ciudadanía pueda proyectar su vida personal y familiar, aunque no presentó medidas concretas frente al endeudamiento de los hogares, el desempleo y la pérdida del poder adquisitivo. En lugar de responder a esas urgencias, volvió a reivindicar la llamada “batalla cultural” y a insistir en una explicación ideológica de la prosperidad futura, mientras el ministerio de Seguridad reprime cada una de las manifestaciones provocadas por la política económica del gobierno.
Un estudio reciente de la consultora Proyección sobre la percepción social de la economía muestra, sin embargo, un escenario muy diferente al relato oficial, con una mayoría de argentinos que considera negativa la política económica nacional para sus hogares y un porcentaje aún mayor que afirma haber empeorado su situación durante estos años de gestión mileísta. El contraste también interpela la noción de libertad que sostiene el gobierno, porque una sociedad sometida al ajuste, al endeudamiento y a la pérdida de derechos materiales difícilmente pueda considerarse una sociedad verdaderamente libre. Para la tradición sanmartiniana, la independencia no podía reducirse a una declaración formal mientras los pueblos permanecieran sometidos a poderes externos.
San Martín pertenece a la historia de una América que decidió romper sus cadenas y construir su propio destino, mientras el proyecto de Milei avanza en el sentido contrario. La subordinación geopolítica a Estados Unidos, la intervención creciente de organismos financieros internacionales, la apertura irrestricta a los capitales transnacionales y la extranjerización de recursos y territorios conforman un programa de dependencia incompatible con el legado del Libertador. También resulta ajena a esa tradición popular y antiimperialista la utilización de las Fuerzas Armadas como instrumento de intervención frente a la protesta social, puerta que queda entreabierta a partir de lo delineado por Washington en el “Escudo de las Américas” y la “Cumbre contra el Terrorismo Político”, iniciativas que hacen parte de la renovada Doctrina Monroe por la administración Trump y las que suscribió con entusiasmo el gobierno Milei.
Asimismo, la construcción de enemigos internos como mecanismo para disciplinar a quienes resisten el ajuste queda en evidencia, una vez más, en este discurso de ayer pronunciado por Milei, así como en sus recientes declaraciones acusando de terroristas a docentes, estudiantes y periodistas.
El legado de San Martín pertenece a los pueblos que lucharon por la independencia y que todavía enfrentan las formas contemporáneas de dominación imperialista. Por eso, en este nuevo aniversario, recordar al Libertador significa asumir que la defensa de la patria continúa siendo una tarea del presente y que la soberanía se conquista también en las calles, en la organización popular y en la lucha contra toda forma de dependencia. Algo que que urge plasmar en una alternativa política dispuesta a refundar y liberar la Patria.