La ofensiva sobre el salario diferido y sus consecuencias sobre la vida y la salud se vuelven cada vez más alarmantes. La sustracción previsional es parte de la lucha por la distribución de la riqueza. Cuando el haber pierde capacidad de compra, una porción mayor del trabajo acumulado durante toda la vida queda apropiada por el capital y por el Estado Neoliberal, que garantiza esa transferencia. Por Jorge Kohen (*)
La sustracción como política de clase
La jubilación constituye salario diferido: una parte del valor producido por los trabajadores a lo largo de su vida laboral y socialmente destinada a sostener su reproducción cuando finaliza la actividad. La sustracción aparece cuando ese salario pierde capacidad para garantizar alimentación, vivienda, medicamentos, servicios y participación social. El haber nominal puede aumentar mientras la existencia dispone de menos recursos. La pérdida se distribuye entre inflación, bonos congelados, coberturas restringidas y gastos transferidos al bolsillo de los jubilados. El ajuste previsional actúa así como una política de clase: reduce el ingreso de quienes viven de su trabajo pasado y libera recursos para otros sectores del bloque dominante.

La pirámide: una geografía de clase
La estructura previsional se concentra en su base. El 50,6% de los titulares —3,07 millones de personas— percibe hasta $473.317,99 y recibe bono total o parcial. Los tres grupos excluidos del bono reúnen el 49,4% restante: 12,7% en el tramo bajo, 20,5% en el medio y 16,3% en el superior. La mayor presencia femenina entre los ingresos más bajos condensa las desigualdades de la división sexual del trabajo: empleos precarios, salarios menores, interrupciones por tareas de cuidado y acceso mediante moratorias.
La pirámide previsional reproduce en la vejez la posición ocupada dentro de las relaciones de producción y de reproducción social. Las diferencias de haber expresan historias desiguales de explotación, informalidad y apropiación del trabajo de cuidados.
La salud en el terreno de la lucha de clases
La canasta de la persona mayor alcanzó en marzo de 2026 los $1.824.682 mensuales. Los medicamentos e insumos de farmacia representaron $503.600: el 27,6% de la canasta y el 106,4% del ingreso máximo del primer tramo. El haber de ese grupo cubre apenas el 25,9% de las necesidades estimadas. El medicamento, indispensable por su valor de uso, queda subordinado a la lógica mercantil y a la capacidad individual de pago. Cuando el ingreso obliga a elegir entre comer, medicarse, calefaccionarse o pagar el alquiler, aumentan las interrupciones de tratamientos, las consultas postergadas y las descompensaciones de enfermedades crónicas. El daño se inscribe en el cuerpo individual, mientras sus causas se producen en la distribución social de la riqueza. La vulnerabilidad sanitaria expresa, en el terreno de la salud, una relación de fuerzas desfavorable para la clase trabajadora.
Del padecimiento individual a la lucha colectiva
Los jubilados forman parte de la clase que vive del trabajo. Su haber proviene del valor producido socialmente y su defensa integra la lucha general por el salario, la seguridad social y la apropiación del excedente. La fragmentación entre trabajadores activos y jubilados favorece la ofensiva del capital; la unidad recupera la continuidad histórica entre trabajo presente y trabajo pasado. Defender una jubilación digna significa disputar medicamentos, prestaciones sanitarias, alimentación, vivienda y participación social.
La organización colectiva permite nombrar la sustracción, hacer visible el daño y convertir una necesidad vivida en soledad en una demanda común. La salud de los jubilados depende también de la capacidad de la clase trabajadora para alterar la relación de fuerzas y colocar la reproducción digna de la vida por encima de la rentabilidad y del ajuste.
Nota metodológica
Los totales por tramo provienen del Boletín Estadístico de la Seguridad Social, con información a junio de 2026. El cruce de ingreso por sexo es una estimación ajustada a los totales oficiales por tramo, sexo y haber medio, porque la fuente publica esas variables por separado. Los porcentajes se calcularon sobre 6.064.769 titulares con intervalo informado; se excluyeron 16 casos sin clasificación.
Fuentes:
Dirección Nacional de Políticas de la Seguridad Social. Boletín Estadístico de la Seguridad Social, Sistema previsional contributivo–Pasivos, cuadros 2.2.1, 2.2.3 y 2.2.6, junio de 2026.
https://www.argentina.gob.ar/trabajo/seguridadsocial
Defensoría de la Tercera Edad, Canasta de las personas mayores, marzo de 2026.
(*) Jorge Kohen es médico especializado en Medicina Laboral y militante del Partido Comunista de Santa Fe