La entrada de decenas de miles de marroquíes en Ceuta y Melilla fue presentada como una nueva crisis migratoria. Sin embargo, esta explicación, aunque contiene parte de la realidad, resulta insuficiente.
Por Sayid Marcos Tenório, para Nuestra Propuesta (*)
El episodio parece ser el resultado de la convergencia entre una profunda crisis social en Marruecos, la utilización de la migración como instrumento de presión diplomática y un contexto geopolítico marcado por las tensiones entre España, Marruecos, Estados Unidos e "Israel".
El primer factor es interno. El éxodo de miles de jóvenes marroquíes pone de manifiesto el desempleo, la desigualdad y la falta de perspectivas económicas, en contraste con la narrativa oficial de prosperidad promovida por el gobierno del rey Mohamed VI. La presión migratoria tiene, por tanto, causas sociales concretas.
Sin embargo, también es un hecho que Marruecos ya ha utilizado el control migratorio como mecanismo de presión sobre España. La crisis de Ceuta de 2021 demostró que la relajación de los controles fronterizos puede transformar rápidamente un problema social en una crisis diplomática.
Los acontecimientos actuales presentan características similares, lo que sugiere que Marruecos administró, al menos parcialmente, el nivel de control sobre su frontera. Aunque no existen pruebas públicas de que Rabat organizara directamente el desplazamiento de las multitudes, sí existen precedentes suficientes para considerar plausible el uso de la migración como instrumento de presión política.
La reacción española refuerza esta percepción. Durante su visita a Ceuta, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, calificó los acontecimientos como un "ataque" y una "violación de la integridad territorial de España", dejando de tratarlos únicamente como una emergencia migratoria y elevando la crisis al plano de la soberanía nacional.
Argelia y la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) interpretan los acontecimientos como un ejemplo más de la estrategia marroquí de utilizar distintos instrumentos de presión regional.
Desde la perspectiva saharaui, la crisis guarda paralelismos con la lógica de la Marcha Verde de 1975, cuando grandes desplazamientos de población fueron utilizados para consolidar la ocupación colonial del Sáhara Occidental.
El contexto internacional amplía aún más la importancia del episodio. Desde los Acuerdos de Abraham (NdR: firmados en 2020), Marruecos ha reforzado su alianza estratégica con Estados Unidos e "Israel", consolidada tras el reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental y la ampliación de la cooperación militar y de inteligencia.
Al mismo tiempo, España ha adoptado posiciones cada vez más críticas frente a las acciones israelíes en Gaza. Benjamin Netanyahu llegó a afirmar que Madrid "pagaría un precio" por su postura diplomática, mientras Donald Trump declaró que "no se están portando bien, pero pronto aprenderán".
Estas declaraciones no demuestran una coordinación entre los acontecimientos, pero sí revelan un clima de creciente presión política sobre el Gobierno español.
Otro elemento relevante es la creciente importancia estratégica del Estrecho de Gibraltar tras la crisis de la navegación en el mar Rojo. En este escenario, cualquier inestabilidad en Ceuta y Melilla deja de ser una cuestión exclusivamente migratoria y pasa a afectar uno de los principales corredores marítimos entre el Mediterráneo y el Atlántico.
La mayor contradicción, sin embargo, surgió en las Naciones Unidas. El representante permanente de "Israel", Danny Danon, calificó a Ceuta como un territorio "colonial" y defendió su descolonización.
Si ese principio debe aplicarse a España, la misma lógica conduce inevitablemente a la ocupación israelí de los territorios palestinos y a la ocupación marroquí del Sáhara Occidental, ambos reconocidos internacionalmente como cuestiones pendientes de descolonización. La coherencia de ese argumento exigiría que "Israel" defendiera igualmente el fin de la ocupación de Palestina y que Marruecos aceptara cumplir las resoluciones de las Naciones Unidas sobre el Sáhara Occidental.
Ceuta y Melilla han dejado de ser únicamente una cuestión migratoria. Se han convertido en un punto de encuentro entre crisis social, disputas territoriales y rivalidades geopolíticas.
Hasta el momento, no existen pruebas públicas que permitan afirmar la existencia de una coordinación operativa entre Marruecos, Estados Unidos e "Israel" para desencadenar los acontecimientos. Existe, sin embargo, una convergencia objetiva de intereses que convierte esta crisis en un fenómeno mucho más amplio que un simple flujo migratorio.
(*) Sayid Marcos Tenório es historiador, especialista en Relaciones Internacionales y analista de geopolítica. Es autor de los libros Palestina: del mito de la tierra prometida a la tierra de la resistencia y RASD 50 Años: La larga marcha por la independencia de la última colonia de África.