China celebró el Año Nuevo Lunar 2026 con una postal que recorrió el mundo: robots humanoides ejecutando rutinas de kung fu, acrobacias y coreografías milimétricas en la tradicional Gala del Festival de Primavera. Fue el evento televisivo más visto del planeta y volvió a convertirse en una vidriera global, no solo de una cultura milenaria sino también de la capacidad tecnológica de un país que planifica su desarrollo como estrategia soberana.
El año nuevo chino es un acontecimiento que se celebra durante el mes de febrero y que con la tradicional Gala del Festival de Primavera o “Chunwan”, Beijing lleva a distintas sociedades del mundo, acercándoles la cultura milenaria del gigante asiático. El 2026 se celebró bajo el signo del Caballo de Fuego, que marca un ciclo de energía, movimiento y renovación en cuestiones culturales e históricas chinas.
Claro que el gobierno de Xi Jinping aprovecha que los ojos del mundo durante febrero se posan sobre la cultura ancestral de su país y no deja pasar la oportunidad de mostrar el desarrollo permanente de su capacidad tecnológica e innovadora entrelazándola con la tradición. La empresa Unitree Robotics, con sede en Hangzhou, presentó 12 robots de los modelos G1, H1 y H2. El H2 —1,80 metros de altura y 70 kilos— sorprendió con volteretas de 360 grados, manejo de armas tradicionales y una lograda recreación del “kung fu borracho”, imitando movimientos erráticos sin perder estabilidad. Las imágenes fueron calificadas como un “salto evolutivo” en coordinación y fluidez respecto del año anterior.
Pero lo que para muchos medios occidentales fue simple asombro ante el avance tecnológico, para China es parte de una estrategia integral. La robótica humanoide fue incorporada como prioridad nacional en el XIV Plan Quinquenal (2021-2025) y ocupa un lugar central en el XV Plan Quinquenal (2026-2030), aprobado por el Comité Central del Partido Comunista de China en octubre de 2025. El objetivo es liderar la próxima gran revolución tecnológica tras los smartphones y los vehículos eléctricos. El plan proyecta un crecimiento anual superior al 20% en el sector y lo respalda con un fondo estatal de 140.000 millones de dólares destinado a startups tecnológicas. Los robots ya operan en cadenas de montaje de fabricantes como BYD y Zeekr, realizando tareas repetitivas y transporte de componentes.
En competencias tecnológicas, el modelo H1 superó incluso al Atlas de Boston Dynamics en una carrera de 1.500 metros durante los Juegos Olímpicos de Robots en Beijing. La República Popular China concentra más del 50% de las instalaciones mundiales de robots industriales y lidera en solicitudes de patentes en el sector, con 7.705 en los últimos cinco años, frente a 1.561 de Estados Unidos.
Estado, mercado y soberanía tecnológica
El XV Plan Quinquenal coloca como prioridades la autosuficiencia en semiconductores, la inteligencia artificial, la computación cuántica, la integración entre investigación y producción, la transición energética y la ampliación de la estrategia de “doble circulación” (fortalecer el mercado interno sin abandonar la inserción internacional). China proyecta que la IA esté tan extendida en 2030 como hoy lo están la electricidad o Internet, y aspira a consolidarse como “sociedad inteligente” para 2035.
En Occidente, en cambio, la IA está concentrada en conglomerados privados cuya lógica es la rentabilidad inmediata. En China, bajo la conducción del Partido Comunista, la tecnología es concebida como herramienta de soberanía, productividad y bienestar colectivo.
Durante la recepción oficial por el Año Nuevo en el Gran Palacio del Pueblo, el presidente Xi Jinping —también secretario general del PCCh y presidente de la Comisión Militar Central— destacó el crecimiento sostenido de la economía pese a la incertidumbre global y la ejecución de 102 proyectos estratégicos del XIV Plan Quinquenal. China se prepara para sostener un crecimiento real cercano al 5% del PIB, duplicando el ritmo de Estados Unidos y superando ampliamente a las economías del G7.
La China inalcanzable que muestran los medios
El Año Nuevo Lunar no es solo una fecha que se celebra en la República Popular China: es una celebración cultural que atraviesa febrero en múltiples sociedades del mundo. En Argentina, por ejemplo, Buenos Aires y La Plata fueron escenario de eventos multitudinarios que combinan tradición china e identidad local. Año tras año, la presencia cultural china crece y se consolida.
Cada celebración abre la puerta a que la RPCh como país y como proyecto histórico ingrese en la agenda mediática. No hay duda de que a la noticia de los robots humanoides la han levantado varios medios nacionales con más asombro y admiración que carga informativa. La prensa hegemónica occidental, al igual que el flujo de información en redes sociales dictado por los algoritmos, reproduce la noticia como si se tratara de un espectáculo exótico e inalcanzable omitiendo deliberadamente el rol del Estado y de la planificación socialista en la orientación del desarrollo.
Resulta llamativo que muchos medios alineados con el gobierno nacional —o poco críticos de una política económica que destruye empleo y profundiza la dependencia de Estados Unidos— presenten los avances chinos como algo lejano, casi de ciencia ficción.
Hay una clara omisión política en no preguntarse sobre cómo Argentina podría planificar su propio desarrollo tecnológico, articular universidades, empresas públicas y privadas, o diseñar una estrategia de soberanía industrial en robótica e inteligencia artificial. La experiencia china demuestra que no hay milagros de mercado, sino un Estado socialista impulsado por la planificación, la inversión estratégica y la conducción política del Partido Comunista.
Frente al libre mercado que desborda pobreza y desempleo, precariza e impone una reforma laboral cuasi esclavista en Argentina, la planificación socialista muestra capacidad para ordenar, innovar y proyectar a largo plazo. El debate no pasa por si admiramos o no la coreografía robótica exhibida en el Año Nuevo Chino. El mismo debería pasar por si la Argentina será capaz de discutir un proyecto nacional que priorice ciencia, tecnología e industria con sentido soberano.
La teatralidad robótica china no es solo espectáculo: es la expresión visible de una estrategia de poder, desarrollo y planificación. Y es también un llamado de atención para los pueblos que, como el nuestro, deben decidir entre la dependencia perpetua o la construcción de un futuro propio, donde el desarrollo esté al servicio de todos.